lunes. 27.06.2022

Si al menos fuéramos capaces de considerar los infinitos modos de interconexión que nos unen con todo aquello de lo que hemos sido capaces de identificar, la armonía universal podría resultar el mejor de los algoritmos para hacer de nuestra corta estancia en esta parte del universo, algo sublime. Si esto se produjera, se acortarían aquellos grandes espacios de lo desconocido, que supera con creces a lo poco que sabemos. El ritmo de la actividad natural del universo, de las profundidades de la tierra y de los fenómenos que rodean a nuestro planeta, ni siquiera perciben nuestra errónea existencia. Es por ello por lo que, mientras que en las dunas los vientos van apilando uno a uno los granitos de arena. Ordenándolos y dejándolos dormidos plácidamente a lo largo de miles de kilómetros en los desiertos; el hombre dominante no duerme pensando en cómo deshacer todo ese orden natural de las cosas, con la única obsesión de mantener el control de todo aquello que le enriquecerá materialmente. He puesto este ejemplo de las dunas en el desierto, como lo podría haber hecho con cualquier otro fenómeno natural que se produce sin la intervención de la mano del hombre. Vuelven los conflictos en el continente africano. Ahora les toca a las Repúblicas de Mali y Somalia. Los vientos aquí, no soplan para llevar el orden en sus relaciones humanas, vienen cargados de una parte, de falsos intereses religiosos, y de otra, de nuevos cambios democráticos en las directrices de estos países que, según la modernidad, están instalados en una cultura obsoleta de tiempos pasados. Nada tienen que ver los sistemas de interconexión que utiliza el ser humano en la corrección de sistemas igualitarios, con aquellos con los que la naturaleza sigue utilizando con éxito después de millones de años.

La interconexión natural
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