lunes. 27.06.2022

Aunque la religión, la historia y la teología pongan en su lugar a Jesús de Nazaret, la visión más aislada de las gentes menos ilustradas, pueden llegar, con el paso de la vida, a conclusiones más mundanas. Por un lado, podrían ser las que tiene que ver con la educación cristiana, arraigada a la sociedad y a la cultura de las civilizaciones; aquí su figura es férreamente inamovible. Sobre todo, en aquellas zonas más deprimidas, en dónde la doctrina de Jesucristo se ajusta como un guante. Y por otro, la que el ser humano reclama como pilar fundamental, ante el vacío que le produce asimilar la muerte física del hombre con la venida de la ‘otra vida’. La visión más terrestre con la figura de Jesús, tiene que ver con una persona aventajada en el contexto de su tiempo, que procura idear un bálsamo contra la injusticia humana tan presente siempre. La humanidad, la valentía y la capacidad de convocatoria de este líder, fueron capaces de crear, con el paso de los siglos, el dogma de fe. Convirtiéndose así, en una fuente inagotable de esperanza; ante la idea de poder aliviar la inhumanidad del propio ser humano.

Jesús de Nazaret
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