sábado. 02.07.2022

El próximo sábado 30 de marzo arranca la temporada de pesca en León, que estrena nuevas restricciones para la pesca tradicional, aquella que practican o, cada vez más, practicaban, la gran mayoría de los pescadores leoneses. La más llamativa es el nuevo coto sin muerte de la ciudad de León. Un tramo urbano dónde acudían de forma libre a pescar sobre todo niños y jubilados, que capturaban fundamentalmente barbos, bogas y escallos, y en el que este año hay que pagar por un permiso y solo se puede pescar sin muerte. Esta medida ha generado bastante indignación en el colectivo de pescadores, puesto que era uno de los escasos lugares que quedaba para estos colectivos. Más aún cuando, lógicamente, la demanda para pescar ese tramo ha sido mínima y en el sorteo solo se han sacado 7 de los 725 permisos ofertados (menos del 1%), por lo que ya no se verán pescadores en la ciudad. Por otra parte, este año las truchas capturadas en aguas no trucheras también hay que devolverlas al agua, con lo que tampoco los pescadores tradicionales se pueden refugiar en estos tramos en los que hasta el año pasado se podían retener hasta 2 ejemplares. Si a eso sumamos la escasísima oferta de tramos AREC que tiene León (mucho menor que en provincias con menos kilómetros trucheros), el panorama para el pescador tradicional es desolador. Más aún en el medio rural ya que, por ejemplo, un pescador de la ribera del Torío, del Omaña, del Curueño, o de los Ancares, no tiene ni un solo kilómetro de río para pescar de forma tradicional. Este año, además, en los meses de mayo y junio la pesca de ciprínidos será sin muerte, a pesar de que la incidencia de la pesca sobre esas especies es mínima, lo que muestra una cierta obsesión por echar del río a los pescadores tradicionales. Lógicamente, estas medidas han tenido sus consecuencias y es que mientras unos pocos (como los pescadores federados, que apenas son el 1% del total) están muy contentos con ellas porque pueden pescar prácticamente solos en los ríos leoneses, unos 120.000 pescadores han dejado de sacar la licencia en los últimos años en Castilla y León, y de generar ingresos para tiendas de pesca, criadores de gallos, casas rurales o restaurantes. En el medio rural, estas medidas se ven también como un ataque a sus tradiciones y a sus modos de vida puesto que, además de que cada vez acuden menos pescadores a sus pueblos, ellos no pueden practicar una de sus aficiones como les gustaría. Y es que, en vez de regular y tener un cierto equilibrio entre zonas con y sin muerte, lo que se ha hecho es imponer una única visión de la pesca, ligada al turismo y al medio urbano, alejada de los aprovechamientos tradicionales y sostenibles que siempre se han hecho en el medio rural. Esperemos que en los próximos años se pueda rectificar y conseguir un mejor equilibrio entre las dos formas de entender la pesca, puesto que ambas pueden ser compatibles y permiten mantener las poblaciones trucheras. JSG

La nueva temporada: más restricciones a la pesca tradicional
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