miércoles 16/6/21

Preguntas y respuestas

Una de las primeras alternativas que se ofrece a las personas en general, en un concepto malentendido del saber, es focalizar sus ansias de conocimiento no tanto en hacerse preguntas inteligentes y cuestionadoras de la realidad, sino en aceptar las respuestas que el sentido común, al final el poder, tiene elaboradas de antemano a las preguntas que de antemano también, considera necesarias y útiles para que la “cosa” funcione. Todavía recuerdo cuando una de mis hijas en su infancia ejercía su derecho, sin ninguna cortapisa, para preguntar “por qué”, ante cualquier respuesta mía, a una pregunta anterior suya en un bucle que a mí se me hacía interminable, pregunta que podía hacer en cualquier lugar público como el autobús y no precisamente en voz baja, y los apuros que yo pasaba cuando los “por qués” se hacían interminables, pues notaba cómo la gente me observaba con una maliciosa sonrisa pensando “a ver qué contesta ahora a la niña”. Es una pena que a medida que nos hacemos adultos perdamos esa ingenua pero absoluta e imprescindible capacidad de preguntar “por qué”, a tantas cosas que nos atañen y que carecen del más mínimo sentido, por mucho que estén amparadas por esa cosa llamada sentido común, es decir, casi siempre el poder.

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