jueves. 18.08.2022

Brotes verdes entre las cenizas de la Culebra: arranca un proceso de décadas

El incendio que arrasó 25.000 hectáreas de esa reserva de caza zamorana cumple un mes y medio de su inicio
                      Imagen de los primeros brotes verdes en la Sierra de la Culebra. MARIAM A. MONTESINOS
Imagen de los primeros brotes verdes en la Sierra de la Culebra. MARIAM A. MONTESINOS

La imagen de unos brotes verdes en la zona quemada del incendio forestal que hace un mes y medio arrasó la Sierra de la Culebra de Zamora constituye el inicio de un proceso de recuperación forestal que se prolongará durante décadas antes de que ese territorio de la reserva de la biosfera Meseta Ibérica vuelva a dibujar el paisaje que mostraba hasta el pasado 15 de junio.

El incendio que arrasó unas 25.000 hectáreas de esa reserva de caza zamorana cumple un mes y medio de su inicio y, aunque aún no se ha dado oficialmente por extinguido, entre la negrura del terreno asoman ya algunas herbáceas y brotes de roble o jara que constituyen un espejismo en medio de un desierto de cenizas y árboles quemados.

La aparición de ese verdor, que se extenderá a otras zonas del incendio con las lluvias del otoño, representa el nacimiento de las primeras plantas tras el fuego, pero el proceso de recuperación de la masa forestal tardará tantos años como tenían los árboles arrasados por el incendio, entre los que había pinos plantados hace medio siglo y algunos castaños centenarios.

Las primeras muestras de vida vegetal se pueden ver ya en la zona, con algunos helechos que han crecido y colonizado terrenos húmedos aprovechando la ausencia de otras especies, en una efímera vida que durará apenas unas semanas porque la luz directa del sol les abrasará.

En Villardeciervos, junto a la carretera que comunica con Boya, también es posible observar esos brotes de nueva vida que se abren paso entre las plantas quemadas, en algunos robledales se puede apreciar ya ese inicio del ciclo de la vida y también hay áreas que han recuperado su tono verdoso, según ha detallado a Efe el responsable de la oficina de turismo local, José Luis Peñas.

La Sierra de la Culebra, considerada la cuna del lobo ibérico, fue castigada de lleno en el incendio de Sarracín de Aliste que acabó con 25.000 hectáreas, 15.000 de ellas arboladas, y un mes después ha vuelto a ser pasto de las llamas por el incendio de Losacio, que desde el pasado 17 de julio ha carbonizado otras 31.500 hectáreas, además de cobrarse dos vidas y aún sigue activo.

Esos dos incendios, junto a los otros grandes fuegos del verano en Zamora, suman ya 64.000 hectáreas quemadas, el 6 % del territorio provincial. La cifra la ha calculado el ingeniero forestal, divulgador de los grandes incendios y profesor del centro Almázcara y de la Universidad de León Celso Coco en base a los datos del programa satelital europeo Copernicus. Ahora bien, ¿cómo se va a producir y cuánto puede prolongarse el proceso de regeneración forestal en un área tan extensa arrasada por el fuego? A esa pregunta también ha respondido Celso Coco en una entrevista con Efe en la que ha detallado que lo primero que brota tras un incendio son las herbáceas, que se pueden ver ya el primer año.

Ciclo natural de recuperación

El ciclo natural precisa al menos de dos años para que crezcan las primeras arbustivas y el matorral y entre diez y doce años para ver la recuperación de especies arbóreas y bajo ellas posteriormente otras que necesitan protegerse con su sombra para crecer.

En algunos casos, cuando el paso de las llamas no ha sido muy intenso, algunas especies como encinas o alcornoques pueden resistir al fuego y brotar de nuevo. Para acortar los plazos y especialmente en «fuegos muy intensos en los que algunas especies no tienen posibilidad de regenerarse» se produce la intervención humana mediante reforestaciones, ha explicado Celso Coco.

La importancia de acometer reforestaciones con celeridad —ya hay presupuestados dos millones de euros del Miteco para ello en la zona— reside en que el suelo es «un elemento muy valioso» y si no hay superficie vegetal que lo proteja se puede perder con los arrastres de las lluvias.

En ese contexto, los pinos, pese a su fama por su carácter pirófilo, constituyen una especie óptima para reforestar por su capacidad de desarrollarse en zonas quemadas y crecer en espacios abiertos y con luz directa del sol.

Después, de forma natural, si no han logrado rebrotar, llegarán encinas, alcornoques, robles, rebollos...y tras décadas la Sierra de la Culebra de Zamora volverá a ser lo que fue.

Brotes verdes entre las cenizas de la Culebra: arranca un proceso de décadas