martes. 31.01.2023

El hombre de los tres siglos

El centenario abuelo zamorano de Palazuelo de Sayago, Miguel Rubio González, afronta el año nuevo con optimismo y presume de haber vivido en las tres últimas centurias
Miguel Rubio González junto a un rebaño de ovejas en su pueblo de Palazuelo de Sayago (Zamora)
Miguel Rubio González, el centenario abuelo que recibió esta semana un homenaje por cumplir 107 años, afronta el año nuevo con optimismo e ilusión y presume de haber «pasado» por los tres últimos siglos tras una larga vida dedicada al pastoreo en Palazuelo de Sayago (Zamora). Este anciano, que nació el 29 de diciembre de 1896 en el arrabal de Santa Elena, en Ledesma (Salamanca), cumplió esta semana 107 años en medio de un ambiente festivo rodeado de sus familiares más cercanos y de los vecinos de la localidad de Palazuelo de Sayago, donde vive desde su juventud. El Ayuntamiento del municipio zamorano de Fariza -del que depende Palazuelo de Sayago- también se sumó a esta efeméride y rindió un homenaje al centenario anciano haciéndole entrega de una placa conmemorativa que reconoce «el orgullo que sienten mis vecinos de Palazuelo de contar en su padrón con una persona tan longeva», según señaló a Efe un emocionado Miguel Rubio. El abuelo, que presume de haber «pasado» por los tres últimos siglos, se trasladó en su juventud desde su pueblo natal salmantino hasta la provincia de Zamora donde trabajó como pastor, primero en Santa Clara de Avedillo y posteriormente en Palazuelo de Sayago, donde se quedó a vivir y formó una familia. Recuerda muchos episodios de su niñez y de juventud, unos años que califica de «muy duros y penosos», cuando en esta localidad se vivía con mucha penuria económica y material, ayudando a su padre inválido donde «teníamos que sobrevivir como podíamos ya que no había los avances ni las facilidades que tenemos ahora». El anciano, que hace 37 años se quedó viudo de su mujer María Vaquero, señala que a pesar de su avanzada edad, se encuentra muy bien de salud, «a excepción de algún catarrillo», aunque ahora se tiene que ayudar de unos bastones para poder andar o utiliza una silla de ruedas. Este centenario, que nunca fue a la escuela ni aprendió a leer ni escribir, recuerda que para poder sobrevivir y ayudar en casa se dedicó a todo tipo de labores como el pastoreo, posteriormente a matar el ganado y a vender la carne por los pueblos colindantes, o a capar y castrar los cerdos, carneros, terneros y potros, una tarea por la que cobraba una peseta por animal. Señala además que los episodios más duros de su vida fueron los relacionados con la Guerra Civil. Por último, Miguel Rubio González comenta con humor que a sus 107 años lo que más le gusta es cantar, ver los toros en la televisión, y comer tocino, los cocidos y las sopas que le preparan en casa.

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