miércoles. 08.02.2023
NADIE quiere aceptar la responsabilidad de la actual división política en la lucha antiterrorista, pero alguien tiene que tenerla y muy probablemente las culpas anden muy repartidas. El debate del pasado lunes fue elocuente al escenificar una vez más el clima de reticencia y desconfianza que impide cualquier acuerdo entre el PSOE y el PP. Toda la sesión fue, según el representante del PNV, una exhibición de sutilezas lingüísticas destinadas a defender las posiciones de cada cual, pero no dirigidas a lograr un acuerdo (entre otras cosas porque, como coincidieron en señalar varios portavoces, una reunión abierta en el Congreso de los Diputados es el ámbito menos indicado para limar asperezas y buscar con discreción los acuerdos). Por ello, casi nadie felicitó a Zapatero por la ocurrencia de comparecer, aunque muchos elogiaron el contenido de su discurso. ¿Y ahora qué? La pregunta genera por sí misma decepción y desesperanza, porque revela la realidad de que sólo ETA tiene motivos para estar feliz con el desencuentro de las fuerzas democráticas. Algo que no se merece el pueblo soberano. Es decir, no nos merecemos tantos sutiles discursos impecablemente construidos que sólo acrecientan el foso que divide, debilita y desconcierta. No nos merecemos que nos cuenten una y otra vez unas milongas que sólo pretenden pasarle la culpa y la patata caliente al otro. No. La culpa de las muertes es de ETA -nadie lo pone en cuestión-, pero la responsabilidad de la división es de nuestros políticos con más posibilidades de gobernarnos. Y esto es lo lamentable. Porque se han especializado en interpretarse mutuamente y leer en el mensaje del otro lo que más le conviene a cada uno para su propia política con vistas a los próximos procesos electorales. Y de esto no salimos. No obstante, la sociedad no está dividida. La ciudadanía sabe perfectamente lo que quiere, aunque ignora a quién tiene que apoyar -y cómo- para salir del encono y conseguir la erradicación de ETA. Que no se equivoquen los terroristas. En el debate se vio que todos están contra ETA, aunque comparezcan divididos ante nosotros. Y es que ya nada puede impedir que la lucha antiterrorista sea un arma electoral. Lástima.

La división que no cesa
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