sábado 24.08.2019
CORNADA DE LOBO

Por las llagas

Medio país se queda, medio país se larga, pero los dos hacen colas, bendito destino, malditas filas, país enfilado... así que vaya por delante una vieja copla sevillana que hace no pocos años recogía Antonio Burgos, tan sevillano él, pues de copiar desvergonzadamente lo sevillí parece ir todo esto nuestro que aquí mete su ruido místico estos días con galas ricas que jamás soñó un Evangelio de Pobres, con mamporro despiadado al parche y con gran tararí clamando al cielo una fe pelihueca y un exceso de lagrimita Lacoste... aquella copla que pedía su son de saeta: «Y en filas indias, detrás y delante, nazarenos... nazarenos, nazarenos... unos tres mil, indio más, indio menos... el interminable lote de agudos de capirote... el inagotable trote de unicornios, de bicornios, de tricornios... la teoría del cuerno rogánde al Padre Eterno que nos libre del Infierno... amén».

Cabe la copla aquí y en Lima porque hoy reina la globalidad nazarena que siega las señas penitenciales de cada lugar, esa variedad loca y rica que ofrecía España en casi todo. Y hoy todo se copia, todos se imitan, todas se inventan y todo se uniforma, incluso el colorín de cada cual en sus rasos. Se uniforma hasta la disidencia roja o ácrata que aborrecía las cofradías, pero acabó fundando una propia. La chufla popular les castiga hoy la oreja con su copla pertinente: «Y en filas borrachas, detrás y delante, genarianos... genarianos, genarianos.... titantosmil con su botella en la mano... el interminable pantano de agudos de floja rima, el inagotable lote de poetas a cuatro manos buscando a quién se la arriman... el teorema pasote convertido en capirote, las ganas de un «estaputo» que dé al abad atributos de fraude laico y frailote... y que viva el despipote rogándole a Genarín que mame a su tropa en bote... amén pirulín». Airado y con lengua gorda un cofrade orujero replicó: ¡Por las llagas de Genaro!... perdón, ¿dónde tenía las llagas vuestro santo padre?, preguntó el coplero... y al genariano le sublevó tanta ignorancia blasfema: ¡pues dónde las iba a tener!... ¡en el hígado, coño, en el puto hígado!...

Y fue otro Jueves Santo rutinario.

Por las llagas
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