miércoles. 08.02.2023
LA NOCHEVIEJA pasó, tranquilo, ya queda poco, recuerda esa noche en aquella casa, la tele les dio las uvas, la tele les hermanó, la tele gobernó sus horas, la tele fue el único villancico, cascabel publicitario, perfumes para polvear y polvos que dejan el cutis bruñido como frasco de colonia, anuncios y anuncios, pelis, basura, morralla, trineos, abracitos, campanillas, la tele mantiene viva la comunicación familiar, de ella se habla, con chenoas e izaguirres se hace salsa de toda charla, que si viste, que si dejaste de ver, que si fresitas y risitas, ¡remamagüevos, eso es lo que son!, dijo el cuñado mastuerzo que cada año larga la misma proclama en la mesa para que se aplique ley de castración a todo maricón, ya ves, no tuerce, es cepo de urz el muy tarugo, y la abuela, como siempre, protestando y demenciando, qué tortura, el salón rebulle en su aburrimiento familiar, falta más de media hora para las doce, hay bronca por echar la uña al mando y cambiar de canal, reburdia la tropa, el mayor de los chavales dice que se va con los amigos, detente ahí, Satanás, vociferó el padre con voz de correaje y de anís, la nena dice que también, Vanesa, no me hagas bromas, que esta noche no sales, y tú, Mariloli, ¿quieres decirle a tu hijo que deje de comerse la laca de la mesa?, y pon la tele más alta, que no se escucha nada con esta barahúrda, jo, papá, estás de los nervios, ¡Vanesa, Vanesa!... y el abuelo, que no había dicho nada en toda la cena, se levantó de su butaca, se le escapó un pedete estrangulado, les dijo estáis todos de atar, me voy a la cama, la tía Rosa salió al quite, ande, padre, espere a las uvas, y no hubo forma... tampoco hubo modo de ver las uvas y su campaneo, pues el jefe de la casa, con dos tanques más de anís, ordenó en el instante preciso que pusieran Televisión de León, viva León, pues a leonés o leonesista no hay dios que gane a Mariano, cagüenrós, pon la tele nuestra y deja esas mariconadas... En ese canal cazurro, justo a las doce, no había uvas, ni campanadas, ni una postal, un villancico, nada, sólo paramera pura, imágenes de cultivos, la planicie del Páramo y del cerebro, reportaje sacacuartos de ayuntamientos que repiten hasta el vómito, toda una señal de lo que somos, un comienzo gañán de año con surco y tractor... Se fueron todos y dejaron solo al mastuerzo del papá. Normal. ¿Feliz año?...

Paramera pura
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