viernes 29.05.2020
EL BAILE DEL AHORCADO

Somos una sociedad de mierda

Les matamos a golpes después de que su madre sufriera un brote psicótico. Entre todos. Todos somos los asesinos de los dos niños de Godella a los que obligamos a vivir una vida de terror antes de abrirles la cabeza y tirarles a una fosa. Sigue pasando y seguirá pasando. En este país los niños, ese bien supremo a proteger, son tratados peor que muchos animales porque creemos que los propietarios son los padres, cuando no unos servicios sociales burocratizados hasta la náusea, mediatizados por la ideología y laminados por la ausencia de presupuesto. Nunca como ahora los niños han sido tan ignorados, tan maltratados, tan violentados.

Es normal. No votan, no se manifiestan y, desde luego, no se pueden organizar en grupos de presión. Sólo les vemos cuando lo único que nos queda es lamentarnos por lo que, una vez más, no hicimos y se convierten en un recuerdo más que guardar en la carpeta de olvidos antes de engullir la siguiente noticia. La pobreza no es una razón para separar a los padres de sus hijos, pero un país incapaz de evitar que los niños vivan en la miseria no es más que un vertedero social. Tenían fracturas en el cráneo. Uno tenía tres años y medio; el otro, apenas cinco meses. Dormían en colchones llenos de mierda, en el suelo de una chabola infecta, pero estaban bien.

Su madre sufría brotes de esquizofrenia y no se medicaba, pero los niños estaban bien. Sus padres se drogaban, pero todo estaba bien. La policía, advertida por la abuela, acudió y no vio nada extraño. Todo estaba bien. Los servicios sociales, a los que de nuevo la abuela pidió auxilio, pusieron en marcha una mierda de expediente que tampoco logró evitar la muerte porque, de nuevo, todo estaba bien, y el Ayuntamiento no hizo nada cuando el niño mayor dejó de asistir a su mierda de colegio. Todo estaba bien y por eso, porque los niños estaban tan bien, fueron asesinados. Somos una sociedad de mierda en la que cada vez hay menos niños a los que matar. Puede que sea mejor así. Se llamaban Amiel e Ichel.

Somos una sociedad de mierda
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