sábado 18.01.2020
CORNADA DE LOBO

Sorbido el seso

Cherchez la femme dicen en Francia cuando un hombre hace algo inexplicable o anómalo... «buscad a la mujer», porque a la fuerza ha de haber una detrás de esa conducta o del cambiazo... desde el que empieza a echarse loción al que maquina un crimen... «buscad a la mujer».

Sin embargo, no hace falta buscarla detrás del ecónomo de Astorga al que empezaron a juzgar en el Vaticano... en su caso esa mujer no va oculta, ni detrás, sino delante, desde el principio, muy delante... ella, Francesca Inmacolata Chaouqui, vaya pájara.

Nuestro cura se defiende acusándola de mala influencia y de chantaje... le forzó a darle al caco periodista los secretos de las finanzas vaticanas... «o eso o cuento todo lo que sé ¡y lo de Hacienda!»... confidencias de cuando eran muy amigos y el de Astorga le sinceraba gustos y gastos que ahora ella pregona por ahí, sus soirés en Roma, sus fiestecitas en el chalé cerca de Astorga, sus amiguitos del alma... en fin, que vamos a ver aquí aquelllo que ya dijo sin querer de las mujeres jóvenes don Filemón de la Cuesta (canónigo valdeonés recio y tridentino que dirigió este Diario cuarenta años) al censurar en su artículo semanal las costumbres licenciosas de los besuqueos públicos entre las parejas, culpando especialmente a «esas novias de hoy que les tienen sorbido el seso a sus novios», aunque la bruja de la linotipia coló ahí su oportuna errata y salió publicado «esas novias de hoy que les tienen sorbido el sexo a sus novios», precisando el conceto, a qué andarse con lirismos («sexo sorbido» suena también al típico postre-delirio de nueva cocina).

En fin, ya hay culebrón con lo oído en este juicio al que aún falta lo mayor. La mujer que no hay que buscar en este caso, la joven funcionaria despedida y despechada que le roba el sueño a nuestro cura, su vieja amiga cercana, es tres mujeres a la vez: Francesca mujer casada... Inmacolata mujer amorosa y quedona... y Chaouqui mujer ambiciosa y espía tramando con su marido, informático empleado también en ese Vaticano de oscuras finanzas... ¿podrá el papa Francisco sacar el látigo de echar mercaderes del templo?...

Sorbido el seso
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