domingo 13/6/21
CORNADA DE LOBO

Una casa es pueblo

Tienen los indios yanomamis de la Amazonía la familiar manía de vivir todo el pueblo en una sola casa redondeada que no tiene tabiques y forma en su centro una plaza abrazada en la que se afanan, juegan, laborean o parlotean junto al fuego.

Esa sola casa es enorme, tiene postes de fuste y lo cubre todo un único tejado de palmas que vierte a sólo un agua. En esa casa pueden vivir treinta, cien o hasta trescientas gentes (gente es lo que significa yanomamo: ser humano), todos juntos sin más pared o escondite, todos a la vista de todos, niños, viejos, mujeres, jóvenes, ancianas... no hay apartes, luego no hay secretos, menos el nombre de cada cual, que nadie sabe y ni después de muerto puede pronunciarse... cada cual es su dueño... y aunque hay jefe, chamán o líder, no por eso se libra de pencar, cavar o cazar... curiosa tribu... tanto, que se comen las cenizas de sus muertos para llevarles dentro y tener su valor o saber.

En julio se denunció que mineros ilegales y garimpeiros llegaron con un helicóptero y mataron a ochenta de ellos, todo un pueblo-casa, menos tres que estaban cazando. Entran en su reserva venezolana o brasileña y les hostigan para buscar oro en sus ríos. Ocurre así desde hace décadas. Se estima que una quinta parte de estos indígenas han muerto de esta manera, mientras los gobiernos de Venezuela y Brasil miran a Pénjamo... y como que no ven.

Hay veinte mil yanomami, pero entre los que matan y las enfermedades que acarrean los cien mil furtivos colados en su reserva, quedarán pocos dentro de nada para que logre sobrevivir en su pureza salvaje esta cultura indígena de gente que sabe llevarse bien con aquella naturaleza y no la enguarra, ni la agota, ni la viola. Y en su selva y en su norma, son felices.

Los yanomami, además de admirable equilibrio natural y mental, tienen algo que envidia cualquiera en estos paraísos atribulados: jamás oyeron hablar de la Merkel o de Rajoy, de la prima de Riesco, de la cuñada del banquero, del yerno del Rey o de los fuegos que nos aburan la fe... tampoco les llega un solo eco de otras guerras sirias que no sean la suya... ni siquiera oyen los altavoces con el vozarrón necio y redentor de su presidente Chávez... qué lujo.

Una casa es pueblo
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