sábado 23/10/21

Un corazón para toda la vida de Irene

Una terapia pionera en el mundo, probada en con tres bebés en España, abre la puerta al trasplante de órganos para toda la vida

Irene Toribios González nació hace nueve meses en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid con una cardiopatía congénita. Es una lesión con una evolución incompatible con la vida que requería de un nuevo corazón lo antes posible. Lo normal es que Irene, tras recibir su nuevo órgano, hubiese entrado en una situación de claro riesgo vital, por el rechazo que su sistema inmunológico desarrolla contra cualquier tejido extraño.

En el mejor de los casos, después de recibir una agresiva medicación, su cuerpo habría tolerado mal que bien el nuevo órgano. Habría tenido que seguir durante años con esos fármacos, que producen notables y graves efectos secundarios, y, tarde o temprano, habría precisado de un nuevo trasplante para mantenerse con vida, tras sufrir un rechazo. La vida media de un órgano trasplantado es de entre 10 y 17 años, dependiendo del órgano y las condiciones de la persona. Pero, hasta ahora, siempre, siempre, tenía fecha de caducidad.

Sin embargo, el corazón de Irene, una niña preciosa, la imagen de la salud, no solo late con toda normalidad sino que, sobre el papel, ha dejado de tener fecha de caducidad. Y, lo que es fundamental, lo ha hecho sin tomar ni un inmunosupresor, la familia de fármacos que permiten aplacar los fenómenos inflamatorios agudos e indeseados que causa el rechazo al tejido trasplantado, pero que lo hacen a costa de dispar contra todo, sin especificidad, lo que muchas veces anula todas las respuestas inmunes del organismo.

Previene el rechazo

El secreto se basa en las células 'thy Treg' obtenidas del propio paciente trasplantado

Las perjudiciales sí, pero también las que nos defienden contra las infecciones o el desarrollo de un cáncer. Para salvarnos, nos dejan desarmados. Pero no solo es Irene. Otros dos bebés nacidos después de ella en el hospital madrileño, y que también requirieron de trasplantes cardíacos, evolucionan igual de bien. Ninguno de los tres ha precisado de medicamento alguno para evitar que su pequeño organismo rechazase el corazón que les devolvió a la vida.

No, no es un milagro. Es una investigación de repercusión planetaria liderada por el Laboratorio de Inmuno-regulación del Gregorio Marañón, con el apoyo de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y de su homóloga de Canadá. Una terapia pionera en el mundo y que abre la puerta a algo hasta hoy impensable: la posibilidad de que un órgano trasplantado no tenga límite de vida y que tampoco lo tenga el paciente que lo recibe. El secreto está en una terapia basada en unas células llamadas ‘thyTreg’, obtenidas del propio paciente, que previenen el rechazo del tejido porque, sin necesidad de fármacos, restablecen el equilibrio en el sistema inmunológico.

Un corazón para toda la vida de Irene
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