lunes 25/10/21
Apoyo canino en el servicio de asistencia personal de Alfaem

Nilo, de perro abandonado a ‘terapeuta’ en salud mental

Un perro rescatado de la Protectora de Animales de León, Nilo, revoluciona la labor de la asistencia personal en Alfaem Salud Mental León. Carlos Santamarta ha descubierto en la presencia del perro un estímulo para mejorar la autonomía de personas con problemas de salud mental.
Nilo y Capitán, el pequeño Yorkshire de Clara, hacen buenas migas después de varios meses compartiendo paseos terapéuticos con usuarios de Alfaem. RAMIRO

Hace un año, Consuelo no quería salir de casa y apenas hablaba. Un día Carlos, el asistente personal, le habló de su perro Nilo y todo cambió. De las conversaciones pasaron a los paseos con el perro. Consuelo había tenido tres mascotas en su infancia.

El perro, que había rescatado de la Protectora de Animales de León, se convirtió en un enganche terapéutico para avanzar en el trabajo de asistente personal con la usuaria. Después llegó Clara que, animada por los paseos con Nilo, se decidió a tener su propio perro, Capitán, como compañía inseparable en su vida.

Carlos Santamarta es uno de los diez asistentes personales con que cuenta la asociación leonesa referente en la atención a personas con problemas de salud mental. Un total de 64 personas cuentan este recurso a través de Alfaem Salud Mental León.

El caso de Consuelo

Cuando el asistente personal le habló de su perro Nilo se abrió y empezaron los paseos

La asistencia personal es una figura reconocida en la Ley de Dependencia y Promoción de la Autonomía Personal, aunque muy poco extendida y conocida. Carlos Santamarta, educador social de formación, se había interesado en su TFG por la terapia canina con personas con alzhéimer. No es adiestrador ni terapeuta, pero empezó a acudir con el perro a sus labores de asistente personal a partir de la experiencia con Consuelo. «El perro es lo que le incentiva a salir de casa, con Clara empezamos a salir con Nilo y a raíz del fallecimiento de su madre, decidió coger un perro», añade. Capitán, el inquieto Yorkshire de Clara, hace buenas migas con Nilo.

A su dueña le ofrece compañía y alegría. «Me levanto feliz porque está junto a mí, comemos juntos y cuando llego a casa me espera a la puerta», comenta Clara. Hacerse cargo de un perro «me ha hecho más responsable porque tengo que sacarle, madrugar mucho para pasear con él pero es una rutina que me mantiene en forma», apostilla.

Otro beneficio que aporta salir a pasear con Nilo y Capitán es que «conocemos a otras personas que tienen perros con las que conversamos», comentan el asistente personal y la usuaria.

Consuelo tuvo perros cuando era niña, así que los paseos que da con Carlos, con la compañía canina de Nilo, «me devuelven a la infancia». Nilo, dice, «es muy cariñoso». El perro ha sido un mediador entre el asistente personal y Consuelo que, tras fallecer su padre, estaba muy encerrada en sí misma y en casa.

Integración social

La asistencia personal sirve de apoyo personal, en el hogar, empleo, gestiones y vida social

A sus 60 años, el servicio de asistencia personal le está sirviendo para desenvolverse en tareas cotidianas, como la cocina de las que no se había tenido que ocupar. Ha aprendido a servirse de internet para hacer algunas recetas, pero lo que más valora es el apoyo que le presta el asistente personal. «Me ha ayuda mucho, no sólo con la cocina sino también con la enfermedad en el control del dinero. Tengo una buena pensión y con la enfermedad lo derrochaba», explica Consuelo. Desde que falleció su padre, vive sola. Está a la espera de una plaza en las viviendas tuteladas que gestiona la entidad. «La soledad no es buena para nadie», asegura esta mujer que en la lectura encuentra un refugio y sobre todo placer. El trato personal y cercano descubre detrás de la etiqueta de la enfermedad mental a «personas muy valiosas, cultas y con capacidades», comenta Raquel Martínez Martínez, responsable del programa en Alfaem Salud Mental León.

Perfil de usuarios

La edad media de las 64 personas que usan el servicio es de 50 años y viven en residencias

La asistencia personal tiene como objetivo «empoderar» a las personas con discapacidad a lograr el mayor grado de autonomía posible en su vida diaria. «No son muñequitos que llevamos y traemos, el modelo de atención actual está centrado en la persona y su decisión está por encima de todo», apunta la trabajadora social.

Las funciones de los terapeutas van desde «prestar apoyo y dar el soporte social necesario para trabajar bajo los objetivos del proyecto de vida de cada persona a apoyar la toma de decisiones, especialmente donde la patología pueda estar afectando o está latente», explica.

Una vida activa

Se trata de «facilitar la autodeterminación y una vida activa y aumentar el nivel de satisfacción de la persona en todas las parcelas de su vida», subraya. Las tareas específicas van desde la atención personal (ayuda en la vida diaria, cuidados personales, supervisión del tratamiento), actividades domésticas y convivencia, acompañamiento en gestiones burocráticas, compras, consultsa médicas, vacaciones, etc. o situaciones excepcionales provocadas por una descompensación o crisis. Incluye traslados de los usuarios, acompañamiento en la búsqueda formativo-laboral, al puesto de trabajo o en el propio empleo.

De las 64 personas que tienen servicio de asistencia personal en Alfaem, 36 son hombres y 28 mujeres. Un total de 40 tienen diagnóstico de trastorno psicótico-esquizofrenia, 10 de trastorno de personalidad, 9 de trastorno del estado del ánimo, cuatro están diagnosticados con trastorno de ansiedad y con trastorno orgánico psiquiátrico.

La gran mayoría de las personas que usan la asistencia personal (53) tienen reconocida una discapacidad superior al 65%, 9 entre el 50% y 65% y dos entre el 33% y 50%. Un total de 46 tienen reconocida una dependencia de grado III, siete grado II, otras tantas grado I, una sin grado y tres no la han solicitado.

La edad media de las personas que reciben el servicio es de 50 años, con 38 que tienen más de 50; 21 entre 41 y 50 años; cuatro entre 31 y 40 y una de menos de 20 años.

En cuanto a los profesionales de asistencia personal, hay un total de diez (cuatro hombres y seis mujeres). La edad media es de 35 años y cada asistente personal atiende a una media de 6 usuarios.

También universitarios

Cinco de estas personas tienen estudios universitarios, 18 han cursado hasta Bachillerato o Formación Profesional, cinco educación secundaria, 33 tienen estudios primarios y tres carecen de estudios. El 80% son personas jubiladas por enfermedad, un total de 55, sobre cinco que buscan empleo, una que trabaja en el centro especial de empleo y tres en otras situaciones.

La gran mayoría viven en el medio urbano (62) sobre tan solo dos usuarios en el medio rural.Las personas que están en centros residenciales las que más utilizan el servicio de asistencia personal (45) sobre siete que viven con la familia, tres en viviendas supervisadas, tres solas y otras seis en diferentes situaciones habitacionales.

Carlos Santamarta entró en el equipo de asistencia personal hace casi dos años y desde hace uno tiene el apoyo de Nilo. El caso de Consuelo fue el punto de partida de esta iniciativa. «Solo el hecho de empezar a hablar de perros funcionó como click para que empezara a salir de casa. Fue la manera de engancharla terapeuticamente», explica.

Nilo, de perro abandonado a ‘terapeuta’ en salud mental
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