lunes 18/10/21

«Resistí llorando y rezando»

Natividad Matilla Puente rezó mucho durante los tres meses que su marido estuvo ingresado. Rezó y lloró durante todo el confinamiento sola en su casa. «No salí en tres meses. Yo también me contagié. Tuve fiebre al principio pero el médico de cabecera me dijo que no me hacía la PCR porque ya habían pasado ocho días. Perdí el olfato y el gusto. Agoté todo lo que tenía en la despensa. No salía para nada a la calle y nadie me llevó nunca nada y eché mano de todo lo que tenía en el congelador. Llegó un momento en que agoté todas las reservas, aunque comía poco porque se me quitó el hambre. Estaba muy triste. Tenía mucho miedo. Adelgacé ocho kilos».

A Natividad la llamaban los médicos todos los días para darle el parte del estado de salud de José. Las noticias eran cada día peores. «En la mesa tenía la carpeta preparada con los seguros, por si los necesitaba de un momento a otro. Lo pasé fatal». Entre los peores momentos del día estaban las noches. «No podía mirar a su lado de la cama. Cubría ese espacio con cosas, no podía verlo vacío. Lo echaba mucho de menos. El día que le dieron el alta y lo vi en la cama después de tanto tiempo no puedes imaginar lo que sentí. La situación que hemos vivido ha sido muy dura para nuestra edad». Natividad no quiere meter a nadie en casa para que le ayude. «Estamos vacunados los dos, pero aún con la vacuna hay que tener cuidado porque te puedes contagiar».

El virus, el encierro y la enfermedad de su marido le han pasado factura. «Tengo despistes. Toco el piano y ahora si me pongo me paso los compases, pero gracias a Dios aquí estamos los dos».

«Resistí llorando y rezando»
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