miércoles 19/1/22

La pandemia llegó en marzo y arrasó en los centros sociosanitarios, donde encontró a víctimas más vulnerables. El desconocimiento del virus pilló, en un principio. al sistema sanitario sin las herramientas adecuadas para atajar los contagios y las muertes. La primera medida fue el encierro. Y las residencias no sólo cerraron las puertas de la calle, sino que inmovilizaron a sus residentes dentro de las habitaciones durante tres meses. Esa solución de urgencia para evitar contagios y salvar sus vidas, afectó de manera importante a la salud mental de los mayores, psicológicamente más frágiles.

Deterioro cognitivo

Aunque bien cuidados en sus necesidades corporales, el aislamiento deterioró la movilidad y la capacidad cognitiva de los residentes que tuvieron que soportar el aislamiento en soledad. El efecto de la vacuna cambia poco a poco las medidas. A partir de ahora también cambian las condiciones de aislamiento por contagio. «A las personas usuarias del centro que deban realizar cuarentena hay que evitarles el sufrimiento que puede suponer el aislamiento social y los problemas derivados de un periodo prolongado de inmovilidad, y por ello, el centro tiene que garantizar siempre a cada persona usuaria el mantenimiento de un tiempo mínimo diario de actividad física y socialización bésica, preferentemente en espacios exteriores y manteniendo cuantas mediadas de seguridad sean necesarias», se recoge en la guía.

Socialización y actividad física básica en caso de cuarentena por contagio
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