jueves 19.09.2019
Mario Pardo. actor

«¡Qué horror esa gente que se pasa 40 años en la misma serie!»

Este intérprete barcelonés, ejemplo de versatilidad total, ha trabajado a las órdenes de Vicente Aranda, Mario Camus y Gonzalo Suárez, y en series como ‘Makinavaja’, ‘Cuéntame’ o ‘Fortunata y Jacinta’. El Festival de Cortos de Veguellina premia hoy su carrera de fondo.
«¡Qué horror esa gente que se  pasa 40 años en la misma serie!»

Mario Pardo (Berga, Barcelona, 1944), un auténtico actor de largo recorrido de la escena española, será homenajeado hoy en el Festival Luna de Cortos de Veguellina de Órbigo. Y llegará con un acompañante inesperado, y no invitado, que le amarga estos días: un flemón. Por lo que entre antibiótico y antibiótico, «poca comida y ni un vino me esperan...», anticipa el propio artista, se rendirá tributo a una carrera más que interesante, en la que, junto a papeles de protagonista, deja constancia de esa gran tradición actoral en España en la que nombres como Pardo cobran el valor de lo fundamental. Porque ellos han hecho de esos papeles secundarios la memoria real del séptimo arte, o del teatro, o de la tele.

Pardo es entonces un ejemplo de versatilidad: del recordado y catódico Mojamé, de Makinavaja, al Manuel Gutiérrez Mellado de la serie Adolfo Suárez. O, en cine, de estar a las órdenes de Mario Camus, a trabajar con el siempre genial Gonzalo Suárez. Ha pasado por Cuéntame, pero ya estuvo en Fortunata y Jacinta. Debutó con todo un Basilio Martín Patino, en Del amor y otras soledades.

Su oficio también le ha llevado a participar en proyectos dispares que sirven como ejemplos significativos, tal es el caso de su paso por Clara es el precio, de Vicente Aranda, o la célebre La Colmena, de Camus, y en otros de carácter más disparatado como son los que lleva la marca de dirección de Jesús Bonilla, del tipo La daga de Rasputín.

Así, entre papel y papel y personajes variados, el tiempo ha pasado hasta tal punto que cabe recordar su papel de padre de la gallega María Castro en Tierra de lobos. En definitiva, una oportunidad para conocer de cerca a alguien que es más que historia de la interpretación en España y que ahora recibe un merecido homenaje. Se supone que la organización también le premiará con una nueva visita en la que este dichoso flemón de hoy sólo sea historia y pueda disfrutar de los muchos placeres del Órbigo.

—Llega a Veguellina para recibir un homenaje. ¿Le hace ilusión un acto así en un lugar poco habitual? ¿Conoce León?

—La verdad es que no he tenido oportunidad de visitar esta tierra. El director del festival sí me había sugerido alguna vez viajar hasta allí, pero no se había concretado.

—¿Cómo se toman los actores este tipo de reconocimientos?

—En mi caso, prefiero ver los premios como una fiesta de cumpleaños en la que los amigos vienen a verte y te felicitan. No quiero pensarlo como algo que se da como si fuera un resumen de tu carrera.

—Precisamente, este festival lo que propone es el apoyo al talento emergente. ¿Cree importante que se impulse a los cortos y a quienes los hacen?

—El corto es fundamental. Que la generación que nos va a sustituir tenga un marco de expresión es importante. Y que haya en León un festival de este estilo es la mejor oportunidad.

—¿La experiencia de rodar un corto con gente con poco bagaje es siempre buena?

—A veces, cuando la gente es sensata e inteligente, resulta una experiencia enriquecedora. Con los años te acomodas. Y para ellos algunos problemas resultan todo un reto. Y es grato ayudarles a solucionarlos porque, claro está, tú ya no los ves como algo tan grave.

—Ha interpretado personajes de lo más variopinto. Como actor eso será un placer, ¿no?

—Por un lado, cada personaje tiene interés y es un reto. Sea célebre o anónimo. Cambiar de registro es maravilloso. ¡Qué horror esta gente que se pasa 40 años en la misma serie! Hay que cambiar. Eso debe ser algo un poco paranoico...

—Ha hecho de Gutiérrez Mellado, del Mojamé de Makinavaja... ¿Se ha divertido en personajes tan extremos?

—Yo empecé de protagonista, y luego me daban papeles de secundario y me mosqueaba. Pero luego descubrí que eso, precisamente, era ser actor.

—¿Cree usted que hay o volverá a haber directores de la impronta de Vicente Aranda, Mario Camus...?

—Creo que los hay y que siempre los ha habido. En el mundo de la creación, como en todas las áreas, siempre ha habido talento. Más que eso, las dificultades pienso que surgen especialmente de cómo está actualmente la política y la economía. Eso es lo que creo que condiciona la expresión, la creación y el trabajo artístico, e, igualmente, la cultura y la ciencia.

Lugar: plaza Elena Santiago.

Hora: 22.00.

Acceso: gratuito, como en todo el festival.

«¡Qué horror esa gente que se pasa 40 años en la misma serie!»