sábado 07.12.2019
OBITUARIO

Adiós a una autoridad en la literatura espiritual del Siglo de Oro

ÁLVARO HUERGA TERUELO / FRAILE DOMINICO
Adiós a una autoridad en la literatura espiritual del Siglo de Oro

Como resulta prácticamente imposible compendiar aquí la vastedad de labores intelectuales, religiosas y sociales emprendidas por Álvaro Huerga Teruelo, fallecido este sábado a los 95 años de edad, ofrecemos en primer lugar el dato significativo de que fue autor de nada menos que 800 obras, entre libros y monografías de las que, por su monumentalidad, bien pueden destacarse dos: la Historia de los alumbrados (1570-1630) en cinco volúmenes y en la que hubo de emplear 25 años antes de su conclusión, y las Obras completas de Fray Luis de Granada, 52 volúmenes y un lustro de investigación. Otro apunte revelador puede ser que en 2015 la Universidad de Córdoba creó la Cátedra Álvaro Huerga Teruelo, dedicada a la Literatura Espiritual del Siglo de Oro y para la cual este erudito, tan sabio como humilde, donó su importante biblioteca especializada.

Nacido en Nogarejas en 1923, estudió en la preceptoría de Rosinos de Vidriales (Zamora), después pasó al colegio de La Mejorada, en Olmedo (Valladolid), y completó su formación humanística en el colegio de los dominicos de Almagro (Ciudad Real). En 1947 llega a Salamanca para terminar sus estudios de Teología y en 1948 fue ordenado sacerdote. En 1950 se traslada a Roma, donde se licencia en Historia, Archivística, Diplomática, Paleografía y Retórica, culminando con el Doctorado en Sagrada Teología e Historia. Su tesis doctoral versó sobre La evolución de la doctrina espiritual de Fray Luis de Granada.

De 1953 a 1960 residió en Granada donde ocupó distintos cargos, y ese año regresa a Roma con el encargo de suceder al padre Garrigou-Lagrange en la Cátedra de Teología Espiritual en el Angélicum romano. Y a pesar de que le habían llegado ofertas para dedicarse a la docencia en universidades españolas, es en 1965 cuando acepta la que se le hace desde la Universidad Pontificia de Puerto Rico, donde dio clases hasta poco antes de morir.

Entre un sinnúmero de labores, participó como perito de los obispos españoles en temas teológicos durante el Concilio Vaticano II y realizó informes para la Congregación del Santo Oficio y para la Congregación de los Santos. Fue colaborador del CSIC y de la Fundación Universitaria Española, consejero de la Orden de los Caballeros de Calatrava y miembro de la Academia del Vaticano, del Centro de Espiritualidad de Salamanca, de la Academia San Dionisio, de la Academia de Historia de Puerto Rico... También habría que resaltar que fue un temprano defensor del feminismo y que su última obra se llamó España mística.

Recientemente se le tributó un gran homenaje en La Bañeza, donde había fijado su residencia. Allí se le dedicó una calle y, al poco de terminar 2017, el Gobierno le distinguía con su máxima distinción cultural, la Encomienda de Alfonso X el Sabio. «No soy nada más que un peregrino en la vida», dijo entonces.n la vida»

Adiós a una autoridad en la literatura espiritual del Siglo de Oro