jueves 1/10/20

«La alegría es más poderosa que la felicidad»

miguel lorenci | barcelona


«No es una continuación literal de Ordesa, pero proviene del mismo lugar», advierte Manuel Vilas (Barbastro, 1962) sobre Alegría, el libro más que optimista con el que ha sido finalista del Planeta. «Habla de la búsqueda de los sentimientos puros en tiempos de desesperación colectiva», dice.


—Denos alguna clave del libro.


—Es una novela sobre la familia, los afectos, sobre las miserias del amor y contra la desesperanza. La historia de un hombre que lucha contra la desilusión y la depresión. Alegría es una declaración de principios. Es un sentimiento universal que tuve a través de la historia de este hombre maduro que repasa su vida y analiza la relación que tiene con su mujer e hijos. Sus antagonistas son la tristeza y la melancolía, pero la alegría acaba triunfando. La alegría es más importante que la felicidad.


—¿Es autobiográfica?


—Es intimista y desde luego autobiográfica. He buscado emociones puras y sentimientos que espero lleguen al corazón del lector. Toda mi narrativa tiene componentes autobiográficos. No es Ordesa dos pero continúa en su línea. Hablo también del presente social y político de España. No tendría sentido ponerme a escribir una novela de ciencia ficción.


—¿Se pasa al optimismo pleno?


—Hay una celebración de la felicidad. El narrador explica cómo el dolor le lleva la alegría. Habla de la búsqueda de los sentimientos puros en tiempos de desesperación colectiva. Es una invitación humilde para recordar que la alegría es un derecho de todos los seres humanos.


—¿Hay humor?


—Desde luego. He sentido también perplejidad, miedo y angustia. Pero vivimos en el país de Berlanga y de Cervantes, el inventor del humor moderno, no en el de Shakespeare. No concibo la novela sin ironía.


—¿Se ríe o se compadece?


—Intento reírme de mí. Es consustancial a mi forma de entender el mundo. Y espero que en Alegría el lector encuentra el humor, como lo encontró en Ordesa, donde decían que no había. El humor es una mano tendida al lector, un descansillo en la escalera de la vida para que descansemos de nosotros mismos y de cómo nos tomamos en serio. El humor conlleva un cuestionamiento de la autoridad muy español y que los aragoneses llevamos de serie.


—¿Es también una novela de viajes?


—Sí. Recorre países, ciudades y muchos hoteles. Está escrita en esos hoteles en los que pasan tantas cosas. El protagonista entiende que si está en movimiento, de viaje, su identidad no puede ser apresada por ningún espejo. A alguien que se mueve no se le puede fotografiar. No se puede saber quién es.

«La alegría es más poderosa que la felicidad»
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