domingo 20/6/21
Música

Amancio Prada, un romántico al servicio de Bécquer

HA TARDADO una vida en dedicar un disco a Gustavo Adolfo Bécquer, el escritor que le hizo amar la poesía. Lo presentará el 25 de junio en el Teatro Monumental de Madrid y espera poder hacerlo también en León.
Amancio Prada. SECUNDINO PÉREZ

Con las Rimas y leyendas de Bécquer empezó a amar la poesía. Fue también una de sus primeras canciones, que compuso con «los pocos acordes» que aprendió en su fugaz paso por el Conservatorio de Música de Valladolid. Sin embargo, Amancio Prada ha tenido que recorrer un largo camino para volver al principio y reencontrarse con el poeta romántico. Pero el camino, dice, como en los cuentos infantiles, estaba «lleno de luces».

El cantautor berciano afronta cada proyecto, ya sea un concierto o un disco, con la pasión de un principiante. El 2 de febrero ofrecerá un recital antológico, bajo el título Voces y huellas, en el Teatro de la Zarzuela, uno de los pocos de Madrid que no ha pisado nunca, y lo prepara como si fuera una tesis doctoral.

Podría elegir un puñado de canciones al azar de su extenso repertorio para llenar una hora y media de recital. Pero él no es así. Recuerda que, cuando tenía 17 años escuchó «en uno de aquellos televisores en blanco y negro, un concierto de Alberto Cortez con un grupo de cámara. Era el año 1967. Interpretó temas de Atahualpa Yupanqui, Miguel Hernández o Machado». Fue la primera vez que oyó hablar del Teatro de la Zarzuela.

La agenda

El 2 de febrero ofrecerá el recital ‘Voces y huellas’ en el Teatro de la Zarzuela, un concierto antológico

Cuenta que en el colegio de los salesianos en Cambados, donde estudió entre los 10 y los 14 años, hicieron tres zarzuelas y en El barberillo de Lavapiés, él interpretaba al pinche del barbero. En la versión colegial no había mujeres, «lo que no restaba veracidad a nuestra entrega». La estrenaron con la banda de Castrelo —.una parroquia al sur del municipio de Cambados—. Mucho tiempo después, en el Teatro de la Zarzuela, se quedó atónito al ver que su papel lo interpretaba la novia del barbero, aunque «casi me gustaba más la versión salesiana», dice.

Preparar un concierto antológico le ha ‘roto los esquemas’, acostumbrado a programas monográficos, como el Cántico espiritual, A Rosalía de Lorca, La voz descalza, las coplas de Jorge Manrique... Voces y huellas son las que «están presentes en el camino de mi vida y en el de mi canto». La voz de su madre susurrando nanas, la de su padre arando el campo y los primeras temas que compuso cuando estudiaba en Valladolid Dirección de Empresas Agrarias y pensaba que cantar era un sueño. También están las voces de Cortez, Paco Ibáñez, José Alfonso o Serrat, «que me abrieron a otro tipo de canción, después de años cantando a uno de mis héroes, Antonio Molina». También la huella sonora que han dejado en él tantos amigos, desde Agustín García Calvo a Chicho Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite o Teófilo Camaño, «un vagabundo al que conocí en Segovia, que perdió la Guerra Civil y que se fugó y acabó en Mauthausen»; o Josefina Iturriarán, una niña de la guerra a la que conoció y cantó en 2007 en Moscú. Del encuentro escribió una canción, que estará en el recital del Teatro de la Zarzuela; un «recital en el que cada tema tiene detrás muchas historias sabrosas». Aún está trabajando en qué temas selecciona y en qué orden.

Prada ofrecerá después ocho conciertos, en lugares como Castellón, Asturias, Sevilla o Bilbao. «Tenemos que seguir haciendo lo mismo, a sabiendas de las dificultades que nos esperan», confiesa. León, de momento, no está en su agenda, aunque confía que pueda presentar aquí el disco de Rimas, que le ha permitido reencontrarse con Bécquer. Un disco que presentará el 25 de junio en el Teatro Monumental de Madrid.

«Bécquer fue el poeta que a los adolescentes nos imprimió el gusto por la poesía. Muchos de mi generación, de antes y después, nos aficionamos a la poesía gracias a las Rimas y leyendas. Cuando leíamos a Bécquer nos sentíamos también un poco poetas». Esa canción y alguna de Rosalía fueron las primeras del repertorio de Amancio Prada, que les puso música y su cálida voz. Muchos años después, «se me ocurrió un trémolo para hacer que volvieran las golondrinas». Una canción de 2005 que interpretó por primera vez en una iglesia románica de Córdoba. Después, en la iglesia de la Universidad de Sevilla, alguien le contó que allí estaban los sepulcros de los hermanos Bécquer. Tras varias actuaciones en la Universidad de Sevilla, pensó que tenía que regalarle algo a la ciudad y a la Universidad. Era noviembre de 2019 y releyó el verso: «Qué solos se quedan los muertos...». «En veinte días no hice otra cosa que rondarlo musicalmente». «El poema es estremecedor». La estrenó el 22 de aquel mes en una velada en la que «fue la más aplaudida». Al concluir, el director de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla me dijo que quería que hiciera algo para el 150 aniversario de la muerte de Bécquer. «Solo tengo dos canciones», le dijo. Me contestó: «No importa».

Pensé en hacer cuatro o cinco más y cerrar el trío de románticos con Rosalía y a Gil y Carrasco.

Luego el confinamiento le pilló en Urueña, donde aún sigue. «Trabajaba por las mañanas en el campo y, por las tardes, escribía el aire y los surcos en el pentagrama». En mayo tenía el disco. «Ha sido una sonrisa en medio de tanta pesadumbre».

El disco, que lo presentó en diciembre en un concierto en la Universidad sevillana, incluye poemas como El arpa, La saeta, Cerraron sus ojos y, por supuesto, Volverán las oscuras golondrinas. En él ha puesto la misma pasión que encierra toda su obra.

«En la expresión de la pena reside el consuelo», dice, para explicar la emoción por el nacimiento de un disco que llega en tiempos terribles.

Amancio Prada, un romántico al servicio de Bécquer
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