jueves. 02.02.2023
Una de las losas, de 130 x 60 centímetros, está dedicada por un hijo a su padre y la firma un artesano árabe de nombre Atta

Aparecen en la muralla 16 lápidas de una necrópolis romana aún inédita

El Ayuntamiento pedirá permiso a Patrimonio para extraer las estelas y colocar réplicas
Detalle de una de las dieciséis lápidas funerarias que se reutilizaron en la construcción de la mura

león

La restauración de urgencia que se lleva a cabo en dos cubos de la muralla de León ha permitido descubrir dieciséis lápidas funerarias romanas reutilizadas como material de construcción en la propia fortificación. La aparición de estas estelas funerarias hace sospechar a los investigadores de la existencia de una necrópolis cercana, que serviría de «cantera» para abastecer de piedra a los constructores de la muralla tardorromana. El hallazgo fue desvelado ayer por el arquitecto del Plan Director de la Muralla, Melquíades Ranilla, y la concejala de Patrimonio del Ayuntamiento de León, Evelia Fernández, quienes han solicitado ya a la Comisión Territorial de Patrimonio de la Junta poder extraer estas lápidas.

Pese a que se encuentran en un lugar muy «delicado», porque forman parte de la estructura del lienzo, el objetivo sería rescatar estas losas -”una de ellas, además, está rota-”, estudiarlas y mostrarlas en el Museo de León. En su lugar se colocarían réplicas exactas, también con las inscripciones, para dejar constancia del lugar donde se hallaban las dieciséis originales.

Las estelas, con «epitafios» esculpidos, se encuentran en el «paño» exterior de la muralla, en el llamado cubo de las Clarisas, pero no eran visibles por la espesa capa de mugre que las recubría y por hallarse a unos cuatro metros de altura desde el nivel del suelo. Se trata de grandes bloques de piedra de materiales tan diversos como mármoles de distintas tonalidades, granito y caliza.

Epitafio de un hijo a su padre

Una de las lápidas, de 130 centímetros de largo, por 60 de ancho y 22 de grosor, tiene la dedicatoria de un hijo a su padre fallecido. Esta losa habría sido labrada, al parecer, por un artesano de origen árabe que firma con el nombre de Atta -”igual que el «cerebro» del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, lo cual ha hecho circular ciertas leyendas entre los descubridores-”. Ranilla no quiso ayer hacer ningún comentario sobre los textos, que aún no han sido traducidos con el rigor que exige un descubrimiento de esta importancia.

También son legibles algunos números, cuyo significado, de momento, es un enigma. El arquitecto responsable del Plan Director de la Muralla considera imprescindible recurrir a un experto en epigrafía. De hecho, cuando se desmontó el gallo de San Isidoro y se descubrió una inscripción en el interior de la veleta, la traducción de esta leyenda permitió descubrir la antigüedad de una pieza que resultó ser única.

El historiador Ángel Morillo, uno de los mayores expertos en el León romano, recuerda que cuando se derribaron los cubos de la calle Carreras -”a escasos metros del nuevo hallazgo-”, para permitir la circulación rodada en este enclave histórico de la ciudad, apareció la mayor colección epigráfica que hoy atesora el Museo de León. Morillo también considera probable que en una zona cercana hubiera una necrópolis. «No conocemos las necrópolis de los siglos I al III, lo cual hace pensar que todas ellas fueron desmanteladas para utilizar las losas funerarias en la construcción de la muralla», explica el historiador. Las necrópolis descubiertas en la ciudad de León -”en el

(Puente Castro), en el campus de Vegazana y en el barrio de San Claudio-” son todas del siglo IV. El hecho de que las dieciséis losas sean de materiales diversos, como el mármol, el granito o la caliza probaría también que procedían de mausoleos o laudes sepulcrales cercanos y darían idea del nivel de riqueza de cada enterramiento.

Ranilla no descarta que en la limpieza de otros cubos puedan aparecer nuevas lápidas.

Aparecen en la muralla 16 lápidas de una necrópolis romana aún inédita
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