domingo 18/4/21
Entrevista

«El Camino de Santiago es un puente a lo sagrado»

El asesinato de la peregrina en Astorga pesó en el libro de Jambrina
Luis García Jambrina. J.M. GARCÍA

Un rosario de asesinatos sacude el Camino de Santiago de principios del siglo XVI. Y para esclarecerlos el pesquisidor y autor de La Celestina, Fernando de Rojas, se mezcla con los peregrinos mientras investiga los crímenes con la ayuda de Elías do Cebreiro, clérigo y archivero de la catedral de Santiago. Este es el argumento de ‘El manuscrito de barro’ (Espasa), la última novela histórica trufada de novela negra (o al revés) de Luis García Jambrina (Zamora, 1960), quien con este nueva ficción (la quinta ya de la serie que inició en 2008 con el premiado ‘El manuscrito de piedra’) sumerge al lector en los misterios y leyendas de la milenaria ruta jacobea.

—¿Cómo era el Camino del siglo XVI?

—En esa época, el Camino se había llenado de pícaros, mendigos y delincuentes de todo tipo, que hicieron que los peregrinos propiamente dichos disminuyeran.

—En 2015, una peregrina estadounidense murió asesinada cerca de Astorga. Aquel episodio llenó de temor la ruta jacobea, como sucede en su libro...

—Lo recuerdo muy bien y lo tuve muy presente cuando escribí la novela. Por lo que sé, al asesino lo detuvieron enseguida, pero lo soltaron por falta de pruebas, hasta que cometió un error.

—En un pasaje de su libro un personaje dice: «Se avecinan malos tiempos para las peregrinaciones». Cinco siglos después, covid mediante, ha dado en el clavo.

—Lamento mucho haber lanzado ese mal augurio. De todas formas, hubo tiempos mucho peores para el Camino, hasta el punto de que casi llegó a desaparecer, dado que eran muy pocos los que peregrinaban. Al final los peregrinos pasan y el Camino permanece.

—En este Año Santo, el Camino, que tenía que llenarse de peregrinos, se va a ver muy tocado por la pandemia...

—Cuando la pandemia termine, va a haber un gran deseo y necesidad de peregrinar; lo más seguro es que haya tantos que se desborden todas las previsiones.

—¿Qué mueve a la gente a peregrinar?

—La vida es una peregrinación. En apariencia, las razones que llevan a la gente a peregrinar son muy distintas, pero en el fondo a todos los mueve la necesidad de ponerse a prueba y encontrarse a sí mismos. Se trata de una vía de conocimiento y autodescubrimiento.

—¿El Camino transforma a las personas?

—El que vuelve de hacer el Camino no es el mismo que aquel que en su día lo emprendió. Es otro, no sé si mejor o peor, pero distinto. Vuelve renacido tras una muerte simbólica.

—¿Diría que el Camino es una suerte de Itaca en que lo importante es el viaje y no tanto el destino final de abrazar al santo?

—Como señala Kavafis en su poema, lo importante no es la meta, sino el camino, que hay que procurar que sea largo y rico en experiencias y aventuras. Lo del sepulcro de Santiago no es más que un pretexto, una excusa. De hecho, el Camino donde termina de verdad es en Finisterre, en el fin del mundo conocido.

—¿Por qué sigue siendo una fuente de inspiración tan poderosa?

—Es una experiencia vital muy fructífera y apasionante, un concepto en el que se entrecruzan todas las facetas de la vida: por supuesto, lo religioso, lo espiritual y lo sagrado, pero también la cultura, la política y la economía. El Camino es un puente tendido hacia lo sagrado en un mundo cada vez más profano.

«El Camino de Santiago es un puente a lo sagrado»
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