viernes 30/10/20
Llega a su tierra natal la obra del desaparecido pintor leonés

César Bobis, in memoriam

La viuda de César Bobis, Francisca Aranzuelo, ayer en el Auditorio
César Bobis era un artista integral, no pretendía ni alcanzar la fama, ni conseguir dinero. Odiaba el complicado mundo de galeristas y marchantes que rodea la actividad de un pintor. Decía: «El desierto de las galerías o me estremece o me da risa, exponer me trae al fresco». De cualquier forma, en su juventud, cuando apenas contaba con una veintena de años, expuso su obra incipiente en Madrid, Salamanca, Nueva York, Milán... después, el silencio, solamente roto por los susurros que significaron algunas colaboraciones en muestras colectivas realizadas con la intención de conseguir fondos para ayudar a la lucha contra la dictadura. Hoy, cuando están a punto de cumplirse siete años de su temprana muerte (1943-1996), su obra llega a la ciudad que le vio nacer. Su primer destino era la sala Lucio Muñoz, pero imponderables de última hora la obligó a cruzar la calle y presentarse en las salas del Auditorio. La iniciativa ha partido de su viuda, Francisca Aranzuelo, que ya en soledad se planteó con todo entusiasmo llevar la pintura de César Bobis a los lugares que de alguna manera significaron algo en la aventura vital del pintor. Su testamento tiene forma de libro, un espléndido volumen en el que el artista en sus últimos días trató de dejar plasmada su trayectoria como pintor. Con ese catálogo como guía, Francisca Aranzuelo planteó la primera exposición en el madrileño Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde significó una autentica sorpresa y un rotundo éxito. Esto sucedía en 1998. Después vendría otra exposición en Leganés, una más en Salamanca, ahora en León y ya hay planteada una en San Sebastián, lugar donde Bobis estudió el bachillerato. Los primeros pasos serios en la pintura los dio el artista en el estudio de Modesto Llamas Gil y Petra Hernández, cuando apenas contaba con trece años de edad. Recuerda el maestro con cariño la grandes cualidades que Bobis atesoraba y la relación que con él mantuvo durante muchos años: «Cada vez que Bobis venía a León nos visitaba y nos traía alguna obra para que conociéramos lo que hacía». «Las obras de César Bobis -comenta Guillermo Rendueles- nos desvelan el viejo significado de la palabra sabiduría, perspectivas de la realidad que a veces parecen borrosas en nuestras existencias prosaicas. Estas pinturas descubren deseos y realidades que nuestra vida de todos los días encubre en las opacidades de unas existencias banales dominadas por el consenso y la adaptación a lo real». César Bobis enmarcó su obra en varias series: Serie Paseos, Serie Arae, Serie Mesopotamia, Serie Biología... De todas ellas tenemos buena muestra en la exposición que puede verse en el Auditorio. En estos cuadros podemos conocer la evolución de un pintor de enorme sensibilidad e integrado en su tiempo. En sus obras hay citas relevantes al barroco, detalles de enérgico expresionismo, decididas pinceladas abstractas.... y una enorme sensibilidad, una intención poética que resalta sobre todo en sus Acuarelas Blancas, en las que la economía de elementos y la belleza plástica se unen para ofrecernos unas obras llenas de sugerencias. León recupera hoy la memoria de uno de sus hijos, de un hombre que, como dice Luis Aznar, «estaba orgulloso de la calidad de sus obras y cuya única aspiración fue la de pasar, no a la historia sino, sencillamente, a la memoria de sus próximos por la vía del testimonio directo, oral. Esta exposición pretende saldar una deuda que los leoneses teníamos con el pintor y que se resuelve a los siete años de su fallecimiento».

César Bobis, in memoriam
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