lunes. 08.08.2022

—¿El periodismo está muerto?

—No. Yo soy un gran defensor de lo que se considera ahora medios tradicionales de comunicación, impresos, y pienso que hoy en día, aun con todo lo que está pasando, siguen fijando la agenda informativa de la jornada. Yo no sé más que los demás, sólo que leo así esas noticias. El problema de los periódicos es la rentabilidad. Las grandes compañías lo que querrían comprar es el alma de los periódicos, que es lo que influye, decide. Y eso no es posible.

—Pero entre el fin del periodismo (al menos como lo hemos conocido), y «lo nuevo» ¿qué cree usted que hay?

—Creo que no hay nada mejor que, por 1,50 euros, un grupo de profesionales me resuma, me jerarquice y me avale cuáles son los hechos más importantes del día, ocurridos en el mundo y que me puedan afectar. Eso es un lujo. El problema es que en esta cultura de lo gratuito y de lo de compartir, a la gente la han convencido para que no esté dispuesta a pagar. Igual tienen que subir de precio. Una cosa es saber qué ha pasado y otra conocer por qué ha pasado. Y todavía es la prensa escrita la que te cuenta lo segundo.

—Es decir, que sí hay que creer tanto en su futuro como en su función...

—Es que por 1,50 no hay nada que te de tanta información y entretenimiento como un periódico. Otra cosa es que los ciudadanos, como colectivo, hayamos decidido vivir sin eso. Pero yo creo que, incluso por esa circunstancia, de que haya menos gente leyéndolos, se hacen más valiosos y es más importante leerlos. Igual lo que ocurrirá es que tendrán que costar más. Yo creo que se debe defender el valor de la prensa impresa. Miguel Ángel Aguilar dice que en las inundaciones lo primero que falta es el agua potable. En las informaciones, ahora mismo, pasa algo parecido. Hay mucha, pero no sé si toda es potable.

«Una cosa es saber qué ha pasado y otra por qué ha pasado»
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