miércoles 18.09.2019
CULTURA

«Cuba no se puede someter a los clichés del turista»

El profesor Alfonso García presenta ‘Tres cuentos leoneses en La Habana’
«Cuba no se puede someter a los clichés del turista»

Eolas acaba de publicar 'Tres cuentos leoneses en La Habana', un librito en el que Alfonso García nos acerca a su realidad cubana a través de tres experiencias que el lector decidirá hasta qué punto son reales y cuánto tienen de fabulación

—¿Qué color literario tiene Cuba?

—Predomina, según he creído siempre, el azul, que es una forma de ver tamizada la realidad. El corazón azul de Cuba es un texto que escribí hace tiempo. Pero el panorama es multicolor y vibrante. La literatura no es siempre esclava de la servidumbre sociohistóricopolítica, aunque en no pocos momentos los acontecimientos la marcaron y marcan. Por hablar, muy en síntesis, del convulso siglo pasado hasta la actualidad, hubo una primera época de intervencionismo americano, pero con momentos notables, especialmente en las décadas de los 20 y 30 y en la siguiente en torno al importante movimiento Orígenes, con la figura irrepetible de Lezama Lima. En el período postrevolucionario Fidel y Che Guevara propusieron pautas para el desarrollo de la cultura y el arte, básicamente sujetas a este principio: «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada».

—Quien no te conozca, no sabrá cómo nace tu relación con la isla. ¿Podrías hablar un poco de cuándo y por qué se produce este encuentro?

—No sé muy bien por qué, siempre tuve verdadera pasión por América. La América hispana supone en cada visita un descubrimiento lleno de vitalidad. Quizá me sonaba a aventura. Tuve la gran suerte de tener dos abuelos magníficos contadores de historias. El paterno, en concreto, que vivió allí, en Cuba, y en Nueva York, como emigrante, me tenía embelasado con lo que me contaba de la isla caribeña. Hace veinticinco o treinta años viajé por primera vez a La Habana para conocerla y atraído por un personaje fascinante, José Martí. Desde entonces he vuelto permanentemente, invitado a muchos encuentros, prácticamente todos vinculados a la literatura. Eso sí, pronto me relacioné con distintos ámbitos de la población cubana y con los leoneses allí presentes y empecé a rastrear algunas de nuestras presencias en aquella ciudad mágica. Cuba y La Habana ocupan hoy un lugar muy importante en mi vida.

—En uno de los cuentos, aparece una ‘filandera’ cubana junto a Crémer, Genarín y Julio Llamazares. ¿De qué manera se hilan estos personajes para que se conviertan en una amalgama tan bien resuelta?

—Yaremis Reyes conoció en León la presentación de El entierro de Genarín, de Julio Llamazares, en la Feria del Libro de 1981, feria en que se hace un homenaje a Crémer. La historia estaba servida. A veces solo es necesario escuchar. Provocar y escuchar son actitudes fundamentales para aprender. Escuchar siempre. La ‘filandera’ cubana lo cuenta y yo escucho atónito. Después es cuestión de componer las piezas, los lugares y las situaciones. El núcleo central, cuyo hecho de contar historias a cambio de unas monedas he conocido en otros lugares , necesita un desarrollo literario. Esa era mi única pretensión.

—¿Por qué solo tres cuentos? Seguro que tienes muchos más.

—Dicen que el tres simboliza la totalidad y es el número de la creación literaria. Bromas aparte fuera de las creencias mágicas, me gustan los libros breves que puedan leerse rápidamente, en consideración, sobre todo, a los que no lo hacen habitualmente. Son tres relatos con distintas claves. Una selección. Por supuesto, hay muchos más cuentos. Me trae de cabeza uno de los primeros balseros, leonés precisamente. En concreto, ando ahora detrás de dos personajes maragatos. Miguel Arias, un componente de la agrupación musical del ejército español destinado en la República Dominicana a finales del siglo XIX, que después recaló en Cuba, donde se dedicó, después de abandonar el ejército, a la pintura y la escenografía. Admiradísimo y reconocido en Cuba, es desconocido en su tierra. En el Museo Nacional de Bellas Artes del país caribeño hay obras suyas. El escritor astorgano Leopoldo Panero, por otra parte, estuvo en La Habana en diciembre de 1949. Recibido él y los demás poetas acompañantes con muestras poco cariñosas por parte de los exiliados españoles, su presencia fue después un éxito, bajo el amparo de Dulce María Loynaz. Buena parte del rastreo hay que hacerlo obligatoriamente allí, incluso en algunos de los periódicos fundados por leoneses. Hay para contar. Los escritores y artistas son otro filón.

—¿Es cierta la historia del Che Guevara?

—Por supuesto. Lo que no es totalmente cierto, a mi juicio, es eso que se dice, que un cuentista se documenta siempre para mentir con conocimiento de causa. Aunque sea legítimo. La narradora, ya fallecida, con la que paseé muchos días por la Habana, es la protagonista de otra historia. Una historia muy dura, que era la que me había llevado hasta ella después de muchas pesquisas, y que estoy recomponiendo, o novelando, qué sé yo. Lo cierto es que la historia que se cuenta aquí aparece de forma imprevista, inesperada, formando parte, por tanto de otra ‘mayor’. Isabel López, de Santa Lucía, me cuenta su propia y trágica historia. Por eso dice al final: «La vida ha torcido todos mis caminos…». Esto significa que el relato que habla de la novia leonesa del Che Guevara ofrece una visión fragmentada de la realidad, posiblemente una de las características esenciales del relato. La realidad es mucho más rica que la imaginación, aunque en algunos momentos haya que recurrir, incluso en los cuentos históricos, a las trampas de la ficción, inevitable sobre todo en algunos tramos.

—¿De qué manera ve un escritor la ausencia de libertades creativas e intelectuales?

—Con la misma repulsa, supongo, que cualquier ciudadano. Detesto cualquier dictadura, o sus síntomas, aunque sean pasajeros, sean del signo que sean, si es que se puede decir que las dictaduras tienen signo u orientación. Y aquí no distingo la ausencia de libertad, sea de expresión o creativa. Pero aun siendo así, a nivel personal lo que más lamento en estos momentos es el progresivo deterioro social y las carencias que se están produciendo. La realidad cubana es muy compleja, incluso contradictoria, y no se pueden someter a los clichés del turista. Después de tantas visitas, no entiendo casi nada, pero me duele la situación del día a día y sus necesidades. No está de más recordar que en muchos países donde parece existir la libertad de expresión y creativa, muchos intelectuales y escritores guardan un profundo silencio ante cualquier tipo de avasallamiento. Y es bueno recordarlo para evitar ir dando lecciones por esos mundos.

«Cuba no se puede someter a los clichés del turista»