sábado. 28.01.2023
BRIANDA DE OLIVERA

La dama enterrada con sus dos maridos en la Catedral de León

La noble leonesa crio a Juan de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, y compró una capilla en la Pulchra
Retrato de Juan José de Austria que se conserva en el Prado. Derecha, capilla de Santa Teresa en la Catedral. DL / NORBERTO
Retrato de Juan José de Austria que se conserva en el Prado. Derecha, capilla de Santa Teresa en la Catedral. DL / NORBERTO

La capilla de santa Teresa de la Catedral es la última morada de uno de los personajes leoneses más fascinantes y desconocidos, Brianda de Olivera. Una mujer acaudalada, bien relacionada en la Corte, que se casó y enviudó dos veces y, al final de su longeva vida, quiso tomar los hábitos.

Había nacido en enero de 1561 en la calle Santa Cruz y fue bautizada en la parroquia de San Martín, apadrinada por el médico Pérez de Olivera y su esposa.

Contrajo matrimonio siendo muy joven con Hernando Núñez, fallecido en 1604 y enterrado en la capilla que poseían en la iglesia de San Martín. Brianda de Olivera decide entonces trasladar su domicilio a la plaza de Regla, que será su nuevo hogar con su segundo marido, Francisco Valdés, gran amigo del duque de Medina, hombre muy cercano a la Casa Real. De este nuevo hogar se sabe que contaba con capilla, salón, cuadras y caballerizas, además de estancias para la servidumbre, lo que da idea del poder económico de la familia a principios del siglo XVII. De hecho, uno de los hermanos de Brianda era el corregidor de Villapadierna y su sobrina la abadesa del convento de Gradefes. Cuando la dama leonesa tenía 68 años recibe la orden de la Corte de encargarse de la crianza de Juan José de Austria, nacido en abril de ese mismo año como fruto de los amores entre el rey Felipe IV y la comediante María la Calderona. El niño fue bautizado en la parroquia de los Santos Justo y Pastor de Madrid y registrado como ‘hijo de la tierra’, denominación que se daba a aquellos con padres desconocidos. Su padrino de bautismo fue un caballero de la Orden de Calatrava, ayuda de cámara del rey.

La aya del bastardo
Brianda de Olivera crio y educó a Juan José de Austria hasta que cumplió nueve años

Brianda acepta la tarea de educar al hijo natural del rey, que vivirá en León hasta los 9 años, cuando es enviado a Ocaña para ser educado por el jesuita Jean-Charles de la Faille y el inquisidor Pedro de Llerana y Bracamonte. Juan José de Austria llegó a ser gobernador de Sicilia y de los Países Bajos y virrey de Cataluña. Felipe IV tuvo 29 bastardos y solo Juan José y Francisco Fernando (muerto a los siete años de edad), fueron los únicos que consiguieron el reconocimiento oficial de la regia paternidad.

Finalizada la misión de ‘prohijar’ al ‘delfín’, el año 1638 es especialmente duro para Brianda, pues además de ver partir al muchacho fallece su segundo marido. Ambos hechos sumen a la mujer en tal estado de tristeza que decide renunciar a la vida mundana de lujos y buscar consuelo y amparo en la religión. Brianda, que siempre había sido muy devota de Santa Teresa (canonizada dieciséis años antes), decide comprar y fundar una capilla en la Catedral en honor de dicha santa. Brianda ya había patrocinado con anterioridad la construcción de la capilla del Cristo de las Ánimas, en las afueras de la iglesia de San Martín.

El testamento

Cuando se aproximaba su 80 cumpleaños, Brianda decidió poner en orden el patrimonio familiar. Puso a la venta gran parte de los bienes de su segundo marido y en 1643 redactó su testamento. Meses después fallecía la noble y, tal como había dejado escrito, fue enterrada —amortajada con el hábito carmelita— junto a sus dos esposos en la capilla de Santa Teresa en la catedral de León. Su primer marido había sido trasladado mucho tiempo antes desde la iglesia de San Martín a esta capilla. Todo lo había dejado dispuesto al detalle, incluido cómo sería su entierro: «Mando que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia Catedral, en mi capilla de santa Teresa, debajo de la losa que a los pies del altar tengo y que yo erigí a mis expensas, cerré y puse rejas, retablo y santa con beneficio y permiso del obispo, deán y cabildo y pagué por el dicho sitio mil ducados de limosna para que el cuerpo de mi marido Francisco Valdés, el de su madre María Valdés y el de Hernando Núñez, mi primer marido, se trasladen con licencia del ordinario a dicha capilla». También encargó una misa perpetua el día de Santa Teresa de Jesús (15 de octubre).

Además de los excepcionales frescos del artista Nicolás Francés, restaurados de urgencia en 2008, en la capilla destaca la imagen de la santa, obra de Antonio de Paz, discípulo de Gregorio Fernández, así como las verjas de que cierran la última morada de Brianda y sus maridos, realizadas por Bartolomé Carense en 1644.

La dama enterrada con sus dos maridos en la Catedral de León
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