viernes 22/10/21
Arte urbano

«Me duele que se recicle para llenar bolsillos»

Dados posando junto a una de sus piezas, realizada en las piscinas de Navatejera. MARCIANO PÉREZ

Comenzó a pintar a los 16 años, allá por el año 2000. Criado junto al paso a nivel del Crucero, su mirada inquieta no pasó por alto aquello del Grafiti y contaba los minutos esperando a que pasara el tren para marcarse una pieza. David Esteban Hernández (1984, León) es el artista urbano de referencia en León, bajo la firma de Dados. En sus inicios fue pupilo de un pintor de los 90 y desde entonces ha defendido tanto el grafiti, que fue su cuna, como el arte urbano, modalidades que considera paralelas pero nunca enfrentadas. Su camino ha sido duro en una ciudad pequeña, por la falta de oportunidades como principal freno de mano; sin embargo también admite que León tiene un contrapunto al haber menos competencia. A David le apasiona la montaña y pasear con su familia —mujer, hija y sus dos perros— por el monte. Pasión unida al motivo su última serie: un total de diez murales, la mayoría de ellos de dimensiones colosales y que van de Torrejón de Ardoz a Rusia, en los que critica con su inconfundible estilo realista el uso de plásticos. El mensaje es claro. La concienciación medioambiental para salvar el planeta.

 

—Vienes de pintar en Rusia sobre un edificio de 66 metros de altura. ¿Cómo ha sido la experiencia?

 

—Brutal. El edificio tenía 23 plantas y yo iba con unas expectativas muy altas. Pero estando allí se han superado por completo. Sesenta artistas de todas partes del mundo y con trayectorias fascinantes, se han pintado muchas fachadas de gran envergadura y de hecho el festival, Urban Morphogenesis, quiere entrar en el libro Guiness de los récords.

 

—¿Qué es el plástico para ti?

 

—Es contaminación, es un problema. Surgió como una alternativa, un envase económico y duradero, y esa durabilidad es la que está creando el problema. Deshacernos de todo el plástico que consumimos, que es una barbaridad. Cada cosa que compramos viene envuelta en plástico, sino es una, dos o tres veces, y no conseguimos reducirlo.

 

—El conjunto de obras que denuncian este uso masivo del plástico, ¿son por encargo o tú escoges el tema?

 

—Es una serie personal que comencé hace año y medio con una monda de plátano: el homenaje al envase perfecto; y con la idea de denunciar el absurdo de vender fruta pelada envuelta en plástico. Fue el primer golpe que me vino a la mente y que me recordó lo tontos que somos los humanos (risas). A partir de ahí he ido desarrollando la problemática de una forma visual más directa, planteando la imagen de cómo nuestra comida viene envuelta en plástico que finalmente acaba en nosotros. Por eso la serie se llama «Nos comemos lo que no reciclamos».

Otro mural de  la serie 'antiplástico' realizado en Odintsovo, Rusia. DL

—¿Qué te inspira a hacer esos impactantes murales?

 

—Sobretodo el problema tan grande que atañe al mundo, ya que lo tenemos en todas partes. El plástico acaba en los oceános y en los mares, es ingerido por los peces que nos vamos a comer y el daño que generamos es brutal. De hecho creo que hay mucha gente que aún no es consciente. Es una forma de sensibilizar a la gente.

 

—¿Podrías elegir entre el arte como búsqueda de la belleza y el arte como herramienta de denuncia y concienciación?

 

—No quiero desmerecer al arte estético, pero creo que hay formas de enfocarlo y sacarle más jugo. Me gusta el hecho de pintar y que la gente se pare a mirarlo porque les atrae estéticamente, pero que luego se vaya a casa reflexionando en lo que te dice la obra o cómo lo ha podido percibir, me gusta más (risas). La crítica le da un valor añadido a la pintura estética.

 

—¿Por qué el realismo y no otro estilo?

 

—Siempre me llamó la atención cuando veía trabajos de gente en esta línea y hecho con spray. A partir de ahí fue como un reto personal el seguir avanzando y mejorando para conseguir hacer lo que de verdad quería.

 

—¿Crees que los políticos están reaccionando bien ante el desafío medioambiental?

 

—Casi prefiero hasta no responder (risas). Creo que se podría hacer mucho más de lo que se hace. Mi planteamiento va enfocado a la gente de la calle para que dentro de nuestra medida hagamos todo lo posible, que es el reciclaje. Luego parece ser que no se recicla, ni el 100% ni el 80%. Conozco personas que están dentro de este mundo y me han dado a entender que sólo se recicla lo que genera beneficios, es decir, se recicla en favor de los bolsillos y no de la naturaleza. El reciclaje está enfocado al beneficio económico de unos pocos y esto me duele. Además, es más fácil prohibir el uso de las bolsas de plástico que abaratarlas si de verdad queremos arreglar este desastre. Pero todo ello depende de la administración.

 

—¿Cual será tu próxima obra anti-plástico?

 

—La verdad es que quería dar por concluida la serie con el proyecto de Rusia, pero me están saliendo nuevos trabajos y posiblemente desarrolle el mismo concepto, mismo mensaje pero con distinto enfoque estético. No me gusta ser redundante siempre en lo mismo así que intentaré darle una vuelta de tuerca, pero no sé decirte cómo, cuando y dónde.

«Me duele que se recicle para llenar bolsillos»
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