sábado 8/8/20

El editor que persigue historias de reyes

Joaquín Alegre lanza ‘San Isidoro, de Sevilla a León’, de Julián González Prieto, apasionante historia de un viaje clave
Imagen del Panteón Real de San Isidoro correspondiente también a otra obra de la Editorial Rimpego sobre las claves de la peregrinación jacobea. DL
Imagen del Panteón Real de San Isidoro correspondiente también a otra obra de la Editorial Rimpego sobre las claves de la peregrinación jacobea. DL

La primera piedra para sentar las bases de uno de los grandes hitos de la Historia, arte y simbología y religión leonesa fue un viaje de León a Sevilla y de Sevilla vuelta a la ciudad. Bajo este apasionante preámbulo plantea Julián González Prieto San Isidoro, de Sevilla a León, un libro con el que la Editorial Rimpego de Joaquín Alegre mantiene una de sus máximas: publicar con pasión sobre temas que sin un guión localista sí pellizquen a los cercanos. Al final, este San Isidoro, de Sevilla a León contado, o promocionado por el editor, deja volar la imaginación hasta tal punto que se termina hablando de estas plataformas que crean series históricas y que en este libro podrían encontrar un buen filón.

En el verano de 1063, Fernando I, que estaba prestigiando su capilla palatina, habilita una embajada para recuperar de la taifa de Sevilla las reliquias de algunas mártires. Al frente de la comitiva puso a los obispos Ordoño, de Astorga, y Alvito, de León. La encomienda –una de las más singulares y apasionantes de la Edad Media– culmina con la traslación de los restos de San Isidoro, Doctor Hispaniae, desde Sevilla a León. Y sobre ello, Alegre muestra esa implicación de editor tanto con la obra en sí, y su autor, como con la conexión con la Historia mayúscula que pudo ser esta incluso aventura, y que luego da pie a la importancia de la basílica de San Isidoro. «Si lo piensas, plantarse en la taifa por encargo del rey a reclamar las reliquias solo puede concebirse con alguien que encabezara la expedición y que tuviera un gran valor. Se trata de recrear esta hazaña con rigor pero también aprovechar todo el conocimiento del autor. Y luego hay una licencia que se permite y es plantear que ese podría haber sido el mismísimo Cid», cuenta Alegre.

De esta forma puede decirse que este peculiar editor persigue historias de reyes y las alcanza. Porque además aporta algo valioso a su método de trabajo: «Hay gente en León, mayor, muy sabia, como es el caso de Julián González Prieto. Creo que es un deber ofrecerles la posibilidad de aportar sus conocimientos y nosotros aprovecharnos con algo tan útil», indica.

Y sobre esta historia que propone Julián González lo que trasluce también es una ciudad cristiana que ocupa durante siglos un papel fundamental en la Península y los reinos de entonces. Sobre la evolución narrativa, tanto el editor como el autor introducen una componente novedoso: «¿Y si ese comandante militar fuera El Cid?», se pregunta Alegre como gancho y licencia histórica del relato para describir lo que califica de «hazaña».

La hazaña actual, en el caso de Joaquín Alegre, sería la de mantener la filosofía de la Editorial Rimpego: «Me gusta decir, con orgullo, que somos una editorial pueblerina. Que nos preocupamos por muchos temas, pero prestamos atención a los de aquí», asegura. Y así abre un abanico en el que menciona al inolvidable Antonio Viñayo y ese libro monumental ya publicado, o también otro, que es un as en la manga: Ortografía facilísima.

El editor que persigue historias de reyes