sábado. 03.12.2022
Como todo palacio que se precie, en el de los condes de Luna habita un fantasma. O, al menos, eso cuentan las leyendas, que relatan el trágico penar por los corredores del caserón del siglo XIV del espíritu del obispo Don Rodrigo de Vergara. Corría el año de 1469 y este obispo había salido huyendo del palacio episcopal y fue a refugiarse a las dependencias del Conde Luna para evitar la venganza de la familia de un canónigo asesinado por los sirvientes del prelado. Pero, finalmente, el obispo fue capturado «estando a las faldas de la condesa, mientras el conde se había bajado a pasear en la plaza de su casa...». Desde entonces, las pareces del rancio inmueble guardan al atormentado fantasma de Don Rodrigo, junto a innumerables secretos de una familia -la de los condes de Luna- de fama sanguinaria y pendenciera. Además, su palacio sería durante mucho tiempo sede del brutal tribunal de la Santa Inquisición.

El fantasma del obispo
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