miércoles 11.12.2019

El legado de González de Lama

Se cumplen hoy cien años del nacimiento del leonés que insufló nuevo espíritu a la poesía española
Hoy se cumplen exactamente cien años del nacimiento de Antonio González de Lama, y es por tanto un excelente momento para hacernos estas preguntas: ¿Quién fue don Antonio y por qué es necesario recordarlo? Hemos oído y leído su nombre en los medios y en los libros, hasta hay alguna calle dedicada a su memoria, pero ¿sabemos por qué su figura fue, y es, importante y decisiva en la historia de la literatura? Vamos, pues, a intentar dar algunas pistas para comprender su legado. No suele ser habitual que tantos autores, críticos y expertos en literatura se pongan de acuerdo, pero en el caso de González de Lama su valoración es unánime: fue un hombre (en el más completo sentido de la palabra) excepcional. Había nacido en Valderas, hijo de una familia humilde de clase obrera, y ya desde su inmediata niñez y juventud demostró un talento asombroso y una creatividad pasmosas. Como escribió Eugenio de Nora, «don Antonio fue un caso de derroche de dotes verdaderamente escandaloso». Y así, en sus años de estudiante en el seminario de Valderas, donde se ordenaría sacerdote, ganó juegos florales y certámenes literarios, llegando a fundar una revista cultural semanal. Sus abundantes lecturas, tanto sobre temas científicos como teológicos, filosóficos y literarios, llegaron a amueblar una portentosa mente, crítica y creativa a un tiempo, que disponía además de una aguda capacidad de síntesis. Junto a esta actividad inicial de trabajos (algunos sobre filosofía y cristianismo) y lecturas exhaustivas, llegaron sus primeros destinos como sacerdote, desde algunas aldeas en los alrededores de León hasta su llegada a la parroquia de Las Ventas de la capital de la provincia. Después llegarían sus puestos de profesor de filosofía en el seminario, Beneficiado de la Catedral, bibliotecario de la Biblioteca Azcárate y director que fue del Diario de León. Don Antonio, a decir de los expertos, no escribió ninguna obra definitiva en la que se condensase todo su talento: las revistas literarias y la prensa recibían sus impresiones, artículos y críticas. Y es que uno de sus legados principales consistió en su desprendida labor de docencia, apadrinamiento y tutelaje: ejerció una poderosa, benéfica e incentivadora influencia en personas que más tarde llegarían a ser primeras figuras de las letras en la región leonesa y también a nivel nacional: Crémer, De Nora, Pereira, Gamoneda... varias oleadas de creadores han manifestado la deuda ineludible y la impronta definitiva que De Lama ejerció sobre ellos; así como su claridad de ideas y la penetración de su crítica: diagnosticó admirablemente la salud de la poesía de su tiempo y ofreció vías de renovación válidas y profundas: en cada obra que más tarde crearían sus discípulos, su maestría pervivió.

El legado de González de Lama