domingo 23.02.2020

Entre el amor y las calaveras

El joven artista gallego Marcos Rey expone sus nuevas obras en la galería Sharon Art.
Entre el amor y las calaveras

El amor ha convertido en emigrante a uno de los más destacados pintores del realismo gallego. Ahora, un artista capaz de captar con la máxima fuerza la expresión de los rostros de los niños, reside en el remoto Perú. «Allí —nos dice— se vive un momento importante para el arte, una gran eclosión, aunque aún están descubriendo el capítulo del informalismo. Poco a poco voy consiguiendo introducir mi estilo, pero me está costando. Por eso sigo haciendo el circuito de galerías españolas donde mi obra ya es conocida. Lo cierto es que en Perú casi todos los focos culturales están centrado en la gran metrópoli, en Lima, ciudad que estoy tratando de conquistar».

Han pasado ya cinco años desde la última exposición de Marcos Rey en León. «Mi obra ha cambiado totalmente —comenta— sin dejar mis fundamentos me he decidido por apartar un poco el dibujo para adentrarme en el óleo. Quizás el cambio de residencia haya tenido algo que ver con esta nueva realidad, pero lo importante son los resultados y yo estoy contento con lo que hago actualmente».

Marcos Rey tiene un maravilloso don para el dibujo. Este joven artista es autodidacta y sin embargo se muestra en sus obras como un consumado maestro. A pesar de su juventud sus pinturas han recorrido ya la mayoría de las capitales españolas e, incluso, algunas europeas. Marcos Rey ha sido, por derecho propio, un auténtico monarca dentro de su gran especialidad, el dibujo de grafito y carboncillo sobre lienzo.

La temática del dibujante gallego se ciñe al retrato, a la figura humana. Explica a quien quiera escucharle, «Intento profundizar en los personajes, sacar a relucir sus sentimientos más íntimos. Antes de retratarlos procuro estudiar su personalidad, para que mis cuadres estén llenos de humanismo». Y lo consigue. Marcos Rey dibuja con extraordinaria paciencia figuras de niños, de hombres y, de manera muy especial, de mujeres. «Es dibujando mujeres —dice— como me siento más a gusto. Su sensibilidad, su belleza, me inspira y consigo centrarme con más pasión en lo que dibujo». Las obras de este artista, nacido en Villagarcía de Arosa, son extraordinariamente complejas. Hasta el último brillo de los ojos, hasta el último cabello sobre la frente, hasta la microscópica urdimbre de las cejas y las pestañas, todo es importante para él y todo queda reflejado en sus dibujos con una exactitud que para sí quisiera la fotografía.

En esta ocasión hace el pintor un guiño a la representación de lo que se ha llamado vanitas, que nos habla de lo efímero de la vida y de lo que tenemos dentro, de esos cráneos convertidos en calaveras que solamente aparecen después de la intensa labor que sobre ellos hacen el tiempo y los gusanos. Recuerda, de forma actual, las obras del pintor barroco sevillano Valdés Leal, un clásico gracias a pinturas como Finis gloriae mundi (El fin de las glorias mundanas) e In ictu oculi (En un abrir y cerrar de ojos). «A mí —dice— no me parecen nada tétrico, es algo que, aunque no se vea, todos tenemos y que a veces conviene recordar para profundizar en nosotros mismos».

Para Marcos Rey el dibujar comenzó siendo un juego, jugaba a reproducir los rostros de los artistas y famosos que encontraba en las revistas, hasta que se dio cuenta de que podía ir más allá, mucho más allá. Y paso a paso ha conseguido ser uno de los dibujantes más extraordinarios del momento.

Ahora ha decidido a incluir el óleo y el color en sus obras, pero asegura que sigue sintiéndose muy feliz con el carboncillo y el lápiz.

Entre el amor y las calaveras
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