domingo. 04.12.2022
Isidoro Valcárcel Medina, artista y premio Velázquez

«Es mucho más divertido reinventarse que repetirse»

El Musac dedica una gran retrospectiva al genial Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937), una exposición centrada en las ‘Arquitecturas prematuras’ del artista y premio Velázquez. Una treintena de proyectos de los años 80 y 90 que nunca se realizaron. Una de las salas concentra las propuestas que este arquitecto de formación diseñó para León, como hacer de la Calle Ancha una ‘vía dominguera’, señalizar los enclaves turísticos con humo de colores y transformar la plaza de la Inmaculada en un estanque de barcos. También un bar para perros o una plaza para volcar todas las estatuas de la ciudad. Una obra originalísima y cargada de sentido del humor
El veterano artista Isidoro Valcárcel Medina, al que el Musac dedica una exposición sobre sus ‘Arquitecturas prematuras’. SANDRA JABALERA

El Musac dedica una gran retrospectiva al genial Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937), una exposición centrada en las ‘Arquitecturas prematuras’ del artista y premio Velázquez. Una treintena de proyectos de los años 80 y 90 que nunca se realizaron. Una de las salas concentra las propuestas que este arquitecto de formación diseñó para León, como hacer de la Calle Ancha una ‘vía dominguera’, señalizar los enclaves turísticos con humo de colores y transformar la plaza de la Inmaculada en un estanque de barcos. También un bar para perros o una plaza para volcar todas las estatuas de la ciudad. Una obra originalísima y cargada de sentido del humor.

—Sus ‘Arquitecturas prematuras’ no han sido efímeras, como defiende que debe ser el arte, ¿no?

—Lo que yo defiendo es que habría que hacer un arte que no estuviera supeditado a las obligaciones sociopolíticas, económicas... En eso sentido, las arquitecturas prematuras evitarían esa esclavitud. Me da igual que el arte sea duradero o efímero. Lo que pasa es que, por naturaleza, el arte debe aportar ideas nuevas.

—Para León proponía ideas como salvar Riaño con un enorme cono, una plaza en la que ‘tirar’ todas las estatuas de la ciudad o un bar de perros... ¿Cree que esos proyectos han resistido el paso del tiempo?

—Ninguno se ha llevado a cabo. Y yo, por supuesto, contaba con ello. Al menos la plaza de los monumentos era un proyecto muy sensato, económico y poco incordioso. Por supuesto, a ningún político se le pasa por la cabeza hacerlo. Mi obligación es decir: estaría bien que todos los monumentos estuvieran juntos. Hay una ironía de antemano, porque es muy improbable que eso pueda llevarse a cabo.

—Siempre ha dicho que le da igual tener obras en los museos, pero en la colección del Musac hay obras suyas...

—No me opongo, en absoluto, es que tengo mis prevenciones con respecto al museo como institución estática y grandiosa; pero eso no quiere decir que esté en contra de que haya cosas mías en los museos. Generalmente, los museos no se vuelven locos por tener cosas mías, porque mis cosas son muy críticas y el museo prefiere obras asentadas y establecidas.

—Desde que le dieron el Premio Velázquez, ¿el público y la crítica le miran de otro modo?

—No lo sé, pero no percibo cambio ninguno. Tan recónditas son mis obras antes como después, lo cual no quiere decir que no me alegre de haber tenido ese premio. Pero la influencia social es muy baja.

—¿Qué espera que piense el público que vea su exposición en el Musac?

—Espero que encuentre que hay obras que tienen más de 30 años y no se ha hundido el mundo por ellas. No espero nada grandioso, en absoluto. Me encantaría que fueran acogidas con una cierta atención, en el sentido de decir: no estaría mal que en León hubiera una plaza para los monumentos. Con eso me conformo; y con menos, también.

—¿El arte contemporáneo está estancado?

—Sí. Pero el impresionismo también se estancó y se hizo monocorde, igual que el futurismo. Hay que estar espabilado y cambiar, pero para el público y las instituciones es muy cómodo decir en qué consiste el arte contemporáneo para estar tranquilos. Sin embargo, los autores tienen la obligación de decir: eso ha sido hasta ahora, a partir de este momento es otra cosa.

—Usted sí es un artista que se ha ido reinventando.

—Es mucho más divertido reinventarse que repetirse.

—¿Deplora algún tipo de arquitectura?

—Más del 90 por ciento de la que se hace, porque no atiende a unas necesidades perentorias; y en el sentido formalista, no hay nada más repetitivo que la arquitectura, aunque también los pintores o los escritores se repiten aburridamente.

—Si el arte se repite tanto, ¿hay algo que le sorprenda?

—Claro que hay cosas que me sorprenden, afortunadamente. Pero me gustaría que me sorprendieran más cosas con más frecuencia. La obligación del arte es hacer algo creativo que sorprenda positivamente —no a lo tonto—, con un soporte, con un concepto debajo.

—¿El arte debe ser fiel a su tiempo?

—Lo primero que debe ser el arte es fiel a su tiempo. Ha de ser una consecuencia de la época y, por consiguiente, creador de una nueva época, por así decirlo.

—¿De su ‘Arquitectura prematura’ qué salvaría?

—Lo salvaría casi todo. Pero no preocupa nada. Son unas expresiones muy transitorias, que pueden tener su gracia por lo estrambóticas o por lo insólitas, pero nada más.

—¿Qué opina de la política de llenar las ciudades con esculturas?

—Es una forma de abono. Yo tengo que encontrarles un soporte ideológico —no en el sentido político—; es decir, que una escultura esté en un lugar porque responde a algo. Si en una esquina de León corre mucho el viento, una escultura referida al viento no la discutiría yo. Otra cosa es pensar que un barrio es más importante y que habría que poner el busto de un millonario... eso es una imbecilidad. Pero insisto en una plaza para todas las esculturas.

—La mayoría de los artistas viven del ego, ¿no es su caso?

—Si se es realista, yo tengo poco material para el ego. La dependencia del ego es algo tristísimo. Hacer arte por el ego me parece triste.

—¿Qué opinión tiene del Musac?

—Me parece un museo simpático, asequible y bastante sensato.

—¿Hay algún artista contemporáneo que le interese?

—Sí, hay dos o, siendo generoso, tres. Pero no voy a decir nombres. Ellos saben quiénes son y yo no quiero difundir nombres concretos...

—¿Sigue trabajando?

—Sí, es lo más divertido del mundo.

—¿Defiende la profesionalización del arte?

—Artistas profesionalizados, como el contable de un banco o el repartidor de lechugas, no me interesan nada. Me atrae alguien que tenga dedicación por el arte. Por encima de la profesión está el ejercicio de esa profesión.

—¿Qué puede aportar el arte en estos tiempos de coronavirus?

—El coronavirus puede ser un motivo de inspiración, aunque parezca un disparate. Es una circunstancia que se ha impuesto y no podemos negar. No se puede ignorar lo que ocurre.

—¿Hizo arte durante el confinamiento?

—El confinamiento es una circunstancia imperativa. Si tienes dificultades para salir a la calle, no puedes decir que no te afecta. Yo al principio del confinamiento hice una obra que se titulaba El paisaje de balcón. Ineludiblemente eso está afectado por el confinamiento.

—¿No va a visitar su exposición en el Musac?

—Sí, claro que tengo pensado ir, cuando lo permita la situación. Tengo muchísimas ganas.

—¿Esta exposición le hace ilusión?

—Siempre todas hacen ilusión. Estoy agradecido a que el museo haya decidido hacerla. Creo que he aportado toda la colaboración posible.

«Es mucho más divertido reinventarse que repetirse»
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