martes 07.04.2020
Patrimonio

Eslonza renace de los escombros

El monasterio abrirá al público en mayo tras cuatro años de restauración
El alcalde de Gradefes, Amador Aller, el diputado de Cultura, pablo López Presa, y los arquitectos que han intervenido en Eslonza. MARCIANO PÉREZ
El alcalde de Gradefes, Amador Aller, el diputado de Cultura, pablo López Presa, y los arquitectos que han intervenido en Eslonza. MARCIANO PÉREZ

Más de 6.000 metros cúbicos de escombros mantenían sepultadas las ruinas del monasterio de San Pedro de Eslonza. El gran ‘Escorial’ leonés ya está a salvo o lo que queda de él tras la Desamortización, décadas de abandono y expolio y el desmantelamiento de su portada, reutilizada en la fachada de la iglesia de Renueva. Han hecho falta cuatro años de trabajos y 415.000 euros para contemplar la traza original de un monasterio con 1.200 años de historia. En los próximos meses comenzará la última restauración, en la cabecera de la iglesia, para la que ya hay una partida de 30.000 euros de la Junta de Castilla y León, la institución que menos ha invertido —40.000 euros hasta ahora— en el monasterio, declarado monumento nacional en 1931.

Los trabajos, financiados por la Diputación (180.000 euros), el Ayuntamiento de Gradefes (90.000 euros) y el Ministerio de Fomento (105.000 euros), han sacado a la luz varias ménsulas de estilo mozárabe, depositadas temporalmente en el Museo de León, pero cuyo destino final será el Centro de Interpretación de esta ruta de los monasterios, la ‘tebaida del Esla’, que incluye Gradefes y San Miguel de Escalada. Un entorno con más de una decena de Bienes de Interés Cultural (BIC). Este futuro museo, ya en marcha, cuenta con un presupuesto de 148.000 euros.

Las ruinas de Eslonza —que abrirán al público en mayo, previa visita concertada— dan idea del esplendor de este monacato benedictino que albergó a los dos ilustrados más famosos, Gaspar Melchor de Jovellanos, que ejerció de pasante aquí algunos años, y el monje Benito Jerónimo Feijoo.

Huéspedes ilustres

Jovellanos y Benito Jerónimo Feijoo se alojaron en el monasterio de Eslonza

La exquisita rehabilitación llevada a cabo por el arquitecto Andrés Rodríguez Sabadell permite recorrer el claustro mayor, el patio con las dependencias en las que los monjes atendían las necesidades mundanas del monasterio o el refectorio.

El diputado de Cultura, Pablo López Presa, insistió ayer en la importancia de que los monumentos estén abiertos al público, más que cualquier inversión.

En la amplia excavación emergieron restos de la primitiva ermita (del siglo IX), dedicada a San Vicente Levita. El monasterio fue destruido al poco de su construcción por las tropas de Almanzor. La reconstrucción no se llevaría a cabo hasta el siglo XII. Pero de aquellas primeras construcciones no queda nada visible. Las ruinas que aún se mantienen son del siglo XVI en adelante. Un gigantesco complejo que supera los 4.000 metros cuadrados.

Lo más llamativo de la rehabilitación es la original solución que se ha adoptado para ‘apuntalar’ los vanos y grandes arcos con modernos apeos de madera tratada, que, además de reforzar aquellos pasos que presentan deficiencias estructurales, evocan la fábrica original de piedra. Algunos muros muy altos y aislados, que parecen farallones, no se han tocado, a pesar de que se encuentran en «muy malas condiciones», según el arquitecto. En el futuro será preciso afianzarlos para que no acaben desmoronándose.

El milagro

«Hemos visto este monumento siempre en un estado muy calamitoso. Gracias al esfuerzo de todas las administraciones, el resultado es espléndido», según López Presa. «El edificio en 2016 estaba completamente arruinado», asegura el arquitecto. «Los escombros alcanzaban los tres metros de altura y tapaban las paredes, como se aprecia aún por el color de los muros». La segunda intervención, que acaba de concluir, tenía como objetivo hacer accesible Eslonza. «Los monumentos, si no se pueden visitar, al final, vuelven a la ruina. Sin un uso es muy difícil y costoso mantenerlos», sostiene Rodríguez Sabadell.

«Hemos hecho un milagro con el presupuesto. Hemos completado la excavación en la zona donde se encontraban las celdas de los monjes, se ha recuperado todo el suelo original y hemos hecho un tratamiento con áridos para hacer un recorrido visitable y para marcar las zonas de tránsito».

Las excavaciones no han deparado grandes sorpresas. «Serían muy inútiles los de la zona si no se hubieran llevado ya todo lo que tuviese algún valor», afirma el arquitecto, que ha reconocido muchas piedras y sillares del monasterio integradas en viviendas del entorno. Aún así, en algunas áreas han tenido que profundizar para localizar las trazas originales de la iglesia altomedieval y de la primitiva ermita, donde han aparecido piezas de interés arquitectónico que ya han sido inventariadas.

El recorrido por el recinto está señalizado con varias placas metálicas en las que se explican las estancias de un monasterio que en 1935 a punto estuvo de convertirse en psiquiátrico, aunque la Diputación finalmente lo descartó por estar demasiado alejado de León. En 1946 el obispo Almarcha lo compró por 100.000 pesetas. La idea era salvarlo de la ruina, pero al final decidió trasladar la espectacular fachada a San Juan y San Pedro de Renueva. Fue la estocada para uno de los primeros y más importantes monasterios de España.

Eslonza renace de los escombros