viernes. 09.12.2022
Pablo López, este viernes, promocionando su disco. LUCA PERGIOVANNI

No ha sido sencillo, pero siete años después de convertirse en el artista del momento, el chico del piano ha descubierto dónde está su equilibrio: en «la falta total y absoluta de equilibrio». Y ahora que lo sabe, Pablo López está «feliz».

El malagueño ha aprendido a sentirse cómodo en la cuerda floja de la música sin tropezar en la «confusión» que provoca el afecto de miles de ojos desconocidos. Las canciones de Unikornio. Once millones de versos después de ti, su último disco ya a la venta, le ha ayudado en ese proceso de entenderse y aceptarse. Sacar un disco en plena pandemia, sin posibilidad de presentarlo en directo en las condiciones óptimas, fue su incosnciencia o valentía.

«Teniendo en cuenta que estamos duchos al respecto y hermosamente fascinados por lo que pasó en los 30 conciertos que hicimos hace tres meses, tengo la seguridad de que inconsciente no es. Si algún rol cumplí al subirme al escenario fue ser espectador de algo hermoso, de cómo la gente se esforzaba por que todo saliera bien con una solidaridad absoluta con ellos mismos y con los demás», recuerda.

Y López asegura que siguió «porque yo no puedo vivir sin tocar, literalmente. Es una sensación extraña tocar para 800 donde has tocado para 7.000, pero no le di importancia», afirma.

La felicidad sin equilibrio de Pablo López, el chico del piano
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