jueves 27.02.2020
Reconocimiento

Fidalgo bombardea las Letras del Mediterráneo con su ‘Stuka’

El periodista del Diario de León se alza con el premio de novela histórica El libro, con los nazis de fondo, aborda la violencia contra las mujeres en tiempos de guerra
Uno de los temibles Junkers 87A, conocidos como ‘Stuka’, título de la nueva novela de Carlos Fidalgo.ARCHIVO
Uno de los temibles Junkers 87A, conocidos como ‘Stuka’, título de la nueva novela de Carlos Fidalgo.ARCHIVO

En Fitur se oyeron ‘Las trompetas de Jericó’. Así eran conocidos los temibles cazas alemanes, cuyo primer campo de ‘entrenamiento’ fue la Guerra Civil española. Carlos Fidalgo pilota en su nueva aventura literaria un Stuka, título que ayer se alzó con el Premio de las Letras del Mediterráneo, en la categoría de novela histórica, anunciado por la Diputación de Castellón en su stand de Ifema.

Stuka es la historia de un avión de aspecto siniestro y de un piloto nazi, pero en el fondo late, según el autor, «la identidad sexual y la violencia que se ejerce contra las mujeres en tiempo de guerra». El periodista berciano arranca su tercera novela, que publicará la editorial Algaida en septiembre, con la invasión nazi de Polonia, exclusiva adelantada al Daily Telegrah tres días antes por una de las primeras corresponsales de guerra, la británica Clare Hollingworth.

El escritor, que ya ‘combatió’ en Afganistán y se metió en las trincheras de la I Guerra Mundial en sus dos anteriores novelas —El agujero de Helmand y La sombra blanca— se mueve ahora entre el Berlín de los Juegos Olímpicos de 1936, los pueblos del Alto Maestrazgo, al norte de Castellón, bombardeados por la Legión Cóndor en la primavera de 1938, y de nuevo en la capital del Tercer Reich, pero en los días del hundimiento del régimen nazi, con la ciudad cercada por el Ejército Rojo. Stuka tira del hilo de las Olimpiadas de 1936 que ya abordaba en su anterior libro de relatos, Septiembre Negro, por donde desfilaban algunos personajes reales como Jesse Owens, que se alzó con cuatro medallas de oro, y el atleta alemán Luz Long. Ambos deportistas reaparecen en Stuka, que «reproduce la atmósfera de los últimos cabarets de Berlín en el verano de los Juegos, cuando el nacionalsocialismo ya miraba con desconfianza el ambiente de libertinaje de los clubes nocturnos. Una atmósfera, la del triunfo de la propaganda nazi, que contrasta con el escenario dantesco del Berlín bombardeado por los aliados y asediado por el Ejército soviético en los últimos días de abril de 1945», cuenta Fidalgo.

El libro incluye un episodio inquietante sobre la despedida de la Legión Cóndor de León

El periodista de Bembibre añade, al final de la novela, un episodio inquietante ambientado en León durante la despedida de la Legión Cóndor en el aeródromo de La Virgen del Camino.

Junto al relato del piloto nazi, a la sombra de un avión con alas de gaviota invertida que se convirtió en un símbolo de la barbarie con sus bombardeos en picado, la novela avanza con la historia de una adolescente trasladada a Castellón después de las primeras evacuaciones de Madrid en los comienzos de la Guerra Civil, y la de una deportada a Berlín desde Ucrania para servir como mano de obra semiesclava en la fábrica de Stukas, instalada en el aeródromo de Tempelhof, durante la Segunda Guerra Mundial.

Stuka recibe el Premio Letras del Mediterráneo porque una parte importante de la novela sucede en el Alto Maestrazgo, durante los bombardeos de la Legión Cóndor sobre los pueblos que se encontraban en la línea de avance del Ejército sublevado.

Los pilotos alemanes de los Junkers 87A, conocidos como Stuka y símbolo de la propaganda aérea alemana, masacraban a civiles por la mañana y bebían cerveza por la tarde. Castellón les sirvió de campo de pruebas para experimentar si sus temibles cazas podían aguantar una nueva bomba de 500 kilos, el doble de las lanzadas hasta entonces. El mortífero éxito del experimento fue determinante en la decisión alemana de construir en masa el Stuka —que en alemán significa bombardero en picado— para arrasar con él Europa.

La quinta edición de los Premios Letras del Mediterráneo, dotados con 10.000 euros en cada categoría, ha distinguido también a Nacho Abad, en narrativa; Teresa Cameselle, en novela romántica; y Graziella Moreno, en novela negra.

Fidalgo bombardea las Letras del Mediterráneo con su ‘Stuka’