martes 27/10/20

Gonzalo Valladares: el último flamenco

El guitarrista leonés cumple cuatro décadas en los escenarios con un cedé titulado ‘Cuando mi guitarra llora’ que resume y repasa su conocimiento e inspiración musical
Como intérprete solista, Valladares toca todos los palos del flamenco. FERNANDO OTERO

El duende flamenco se ve que pasó por León y se lo quedó Gonzalo Valladares. Porque ahora que lanza un cedé que es la ortodoxia flamenca que reinventó, por ejemplo, Paco de Lucía como máximo exponente, si hace resumen no sabe de dónde le viene la pasión por la música. «A los 3 años por Reyes Magos nos trajeron una guitarra. Mi hermano no la hizo ni caso. Yo solo quería estar con ella», dice que le contó su madre. Y así ha sido hasta hoy. Cuando empezó puede que fuera el único flamenco. Y también es probable que en lo que respecta a León ahora sea el último. Porque flamenco lo es. Y lo demuestra sin querer cuando a media entrevista, para explicar una canción saca la guitarra e interpreta una parte en la puerta de La Solera.

A partir de aquel encantamiento a los 3 años comienza su periplo. Entonces autodidacta, acudiendo a clases, aprendiendo música por aquí y por allá, viajando al Sur, trabajando y siendo esponja ante maestros como Paco Cepero, Manolo Sanlúcar y más. Y ahora, Gonzalo Valladares (León, 1962) cumple cuatro décadas de músico y lo hace con un disco: Cuando mi guitarra llora, que es un excelente compendio de su estilo y de su rumbo a las esencias flamencas, donde el menos es más, donde la técnica y el virtuosismo no son el fin sino el medio para dar paso a la inspiración y el sentimiento.

En esas está y la prueba es lo grabado en los estudios de Pablo Vega. De Estrella de mar (un tema que tiene todos los componentes de un éxito) a Malagueña o Siguiriya, en los nueve cortes hay desde los lugares comunes del flamenco a la propia personalidad de Valladares.

Su trayectoria es la del músico que se esfuerza por aprender sin la oportunidad de vivir en un contexto musical que le haya servido de caldo de cultivo. Porque León puede ser de todo, pero hay que reconocer que nunca ha destacado por la existencia de un mínimo ambiente flamenco. «Es cierto, en ese sentido siempre he vivido la música en solitario», reconoce el leonés, que, eso sí, se ha prodigado por todos los escenarios de aquí. Desde que con menos de 20 años era uno de los artistas que actuaba de forma periódica en el Pub 3000, un lugar que hace décadas era referente del espectáculo en directo. «Eran otros tiempos. Muy diferentes. Disfruté mucho. Incluso me pilló haciendo la mili, y tenía que buscarme el momento para poder ir sin meterme en problemas», rememora. «A mi la guitarra me atrapó sin saberlo yo», asevera ahora que hace memoria y siente la satisfacción de que esta aventura musical sin abandonar su trabajo ha resultado fructífera. Y como no hay nada más libre que la música, esa Saeta (cuarto tema) recuerda a la Semana Santa leonesa. O el ‘Harrisonioano’ título general, que confirma que todo está conectado.

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