jueves 17.10.2019
Las cenizas del ilustre republicano e hijo predilecto de la ciudad volverán a León el 11 de junio, 118 años después de su nacimiento

Gordón Ordás, el fin del olvido intencionado

«Yo no apetezco otra dicha de futuro que la de poder regresar a una España dignificada para gozar del supremo de
Brunilda Gordón Carmona (todos los hijos de Gordón Ordás tenían nombre de personajes de las óperas de Wagner) traerá las cenizas de su padre de vuelta a León el próximo 11 de junio, coincidiendo con el aniversario de su nacimiento. Así lo anunció ayer el alcalde de la ciudad, Mario Amilivia, durante el acto de presentación del libro Félix Gordón Ordás y sus circunstancias, escrito por José Manuel Etxaniz. Es éste el último objetivo (de momento) propuesto por quienes han decidido poner fin a décadas de silencio y oscurantismo, y recuperar para la historia y para los hombres la vida y obra de este leonés ilustre, veterinario adelantado a su tiempo y político íntegro y convencido, amante impenitente de la república con todas sus consecuencias y luchador infatigable y apasionado en pos de sus ideales. La figura de Félix Gordón Ordás (León, 11 de junio de 1885-Ciudad de México, 26 de enero de 1973) sufrió el desdén del abandono y el olvido impuesto durante todos los años de la dictadura franquista, pero ha permanecido también ignorada en las últimas tres décadas en función de un mal entendido proceso de reconciliación nacional. El esfuerzo primero solitario, y ahora conjunto, de personas e instituciones, ha logrado de momento reponer al célebre (aunque silenciado) leonés en su título de hijo ilustre de la ciudad, publicar las primeras obras reconociendo lo preclaro, pero sobre todo lo íntegro de sus ideas; y por último cumplir uno de los deseos más reiteradamente manifestado por Gordón: volver a León, aunque fuera para descansar después de su muerte. Tal era su sufrimiento por vivir el exilio fuera de su patria que a menudo dijo que no se lo deseaba ni al mismísimo Franco. Otros volvieron, pero él no cedió ni un ápice en sus convicciones, más que políticas, vitales. Félix Gordón Ordás se negó a volver a España y a León (alardeaba de ser leonés, «que es como ser español dos veces») mientras el régimen que había hurtado la legitimidad republicana siguiera en el poder. Sus convicciones pudieron siempre más que sus deseos. No pudo volver. Félix Gordón Ordás se trasladó a México en 1936, poco antes de estallar la guerra civil, al ser nombrado embajador por su admirado enemigo Manuel Azaña. En el exilio se convirtió en una de las bestias negras del franquismo por su incansable lucha en favor de la condena por parte de las organizaciones internacionales al régimen de Franco, que desbancó al gobierno republicano legítimo; así como por su participación de los gobiernos republicanos en el exilio (sin contar sus gestiones en México para enviar armas durante la guerra y para acoger a los refugiados después). Nueve años fue el político leonés presidente del gobierno de la república en el exilio (lo que le obligó a vivir en París, lejos también de su familia, que residía en México). Igualmente sus convicciones le forzaron a abandonar este cargo, como muestra del desacuerdo cuando el presidente de la república abogó por el uso de la violencia para, visto lo ineficaz de las presiones internacionales, intentar derrocar al franquismo. Abandonó su puesto oficial, nunca la lucha a la que le condenaba su vitalismo intelectual, físico y de convicciones. En España la figura de Félix Gordón Ordás comenzó a ser reivindicada a principios de los años 70 por el también veterinario Miguel Cordero del Campillo, lo que le ocasionó no pocos problemas. Sus referencias al emprendedor veterinario, pero también al librepensador, han sido en realidad la semilla que ha germinado en este proceso de reconocimiento que será sólo el principio de la recuperación de una figura señera para la historia leonesa. Mario Amilivia recordó ayer cómo hace más de veinte años ambos colocaban una placa en la casa donde nació el político republicano, en la calle Puertamoneda; y cómo en los últimos meses se ha sucedido la publicación de dos libros: uno relativo a la correspondencia de Gordón Ordás y el pintor José Vela Zanetti; y el que fue presentado ayer. El Ayuntamiento y la Fundación Vela Zanetti han dado un impulso definitivo a la recuperación de la figura histórica de este personaje, e incluso el secretario de la Fundación, Eduardo Aguirre, ha sido el encargado de gesionar el traslado de los restos del político de vuelta a León. Los objetivos inmediatos se habrán, así, cumplido. Pero la rehabilitación de Gordón Ordás, diputado nacional entre 1931 y 1933 con el Partido Republicano Radical Socialista (que contribuyó a crear), y en 1936 con Unión Republicana; subsecretario de Fomento en 1931; director general de Minas y director general de Ganadería en 1931; ministro de Industria y Comercio en 1933; embajador en México en 1936; presidente del consejo de ministros de la República en el exilio entre 1951 y 1960, entre otros cargos políticos (habría que sumar los méritos veterinarios); tiene aún un amplio camino por recorrer.

Gordón Ordás, el fin del olvido intencionado