Nuccio Ordine | Filósofo

«Lo gratuito y lo desinteresado de la belleza es fundamental»

Imagen del pensador italiano Nuccio Ordine, autor de ‘La utilidad de lo inútil’. DL

Recoge en León el próximo día 15 el galardón del Museo Liceo Egipcio y en esta entrevista explica la necesidad de hacer entender a los jóvenes que la cultura es fundamental para ser mejor.

—Comenzó a escribir muy joven, en los periódicos de su Calabria natal y a lo largo de su vida ha seguido colaborando en prensa con columnas y artículos tanto en Italia como en España. ¿Qué recuerdos tiene de esos inicios y cómo ves la labor periodística y su función esencial en la actualidad?

—Tenía catorce años cuando nació un nuevo periódico en Calabria, el Giornale di Calabria. Fue una gran oportunidad para nuestra región: una forma de derrotar al «parroquialismo» y la especulación constructora, que comenzaba a destruir nuestras costas. El editor era un intelectual extraordinario, Piero Ardenti, que anteriormente había dirigido un periódico Mondo Nuovo, vinculado a un grupo de pensadores de izquierda. Entonces comencé a escribir contra los especuladores que, de acuerdo con alcaldes corruptos, habían comenzado a llenar de cemento nuestras hermosas costas. Tenía quince años y estaba en la escuela secundaria. Luego también escribí sobre el crimen organizado. Y cuando el editor me pidió que fuera a verlo al periódico, saltó en su silla al verme: pero tú me haces ir a la cárcel, dijo, ¡ni siquiera eres mayor de edad! Desde entonces nació una gran amistad.

—Sus obras destilan un inagotable amor por la labor del profesor, del maestro, y la transcendente importancia de la enseñanza.

—Todos los años siempre leo a mis alumnos esta hermosa carta de Albert Camus a su maestro en la escuela primaria de Argel. Contiene, en mi opinión, el sentido más verdadero de lo que debería ser la función de un buen profesor: ¡cambiar la vida de sus alumnos! El mismo día en que Camus recibe el más alto de los premios para un escritor, el Premio Nobel, piensa en escribirle a su profesor para agradecerle lo que ha hecho por él.

Mercantilismo
«El pensamiento neoliberal ha esclavizado cada gesto, cada palabra, cada acción en beneficio»

Curiosidad
«Perseguir la curiosidad y las pasiones es una de las principales formas de dar un sentido a la vida»

Belleza
«El patrimonio cultural se equipara con el petróleo y se piensa en él como una fuente de ingresos»

—Ha sido un incansable defensor de la lectura y, en concreto, de la lectura de los clásicos.

—Debemos dejar claro a nuestros alumnos que los clásicos no se estudian para aprobar un examen y obtener un diploma. Los clásicos se estudian porque nos ayudan a vivir, porque nos ayudan a comprender qué es lo que nos hace humanos, cuáles son los verdaderos valores que pueden hacer más humana a la humanidad. El pensamiento neoliberal dominante ha esclavizado cada gesto, cada palabra, cada acción en beneficio y más beneficio. Necesitamos hacer entender a nuestros jóvenes que escuchar música, leer poesía, visitar un museo, contemplar un cuadro son actividades fundamentales para ser mejores. Y que perseguir la curiosidad y las pasiones son una de las principales formas de dar un sentido profundo a la vida.

—¿Piensa que la devoción a los clásicos, a la tradición, puede crear herejes? Personas que cuestionen, que pongan en duda, que innoven.

—Asistimos pasivamente a una transformación radical de la educación: las escuelas y universidades deben mirar cada vez más a la estrella polar del mercado y las necesidades del mundo del trabajo. A los estudiantes se les hace creer que hay que estudiar para conseguir un trabajo y ganar dinero. Ya no formamos ciudadanos cultos, capaces de reclamar su libertad de pensamiento y acción. En cambio, producimos graduados educados con el único pensamiento del dinero y el éxito, destinados a convertirse en un ejército de consumidores pasivos.

—George Steiner, uno de sus maestros, tenía un pesar. Siendo como era un adalid de la cultura occidental y ejemplo del amor y estudio de la misma, pensaba que ella, la cultura, la literatura, las artes, no nos redimían.

—Este es un gran tema del que hablé decenas de veces con George. La cultura no tiene el poder de transformar automáticamente a las personas con las que entra en contacto. Es cierto: algunos nazis, mientras escuchaban música clásica, leían literatura y admiraban el arte, masacraron a millones de judíos inocentes, homosexuales y gitanos. Pero sigo creyendo que, sin la cultura y los conocimientos considerados injustamente inútiles, habríamos corrido el riesgo de sufrir atrocidades de una forma más generalizada. Incluso, si no hay garantía, no veo otra manera de hacer a la humanidad más humana: sin música, literatura, arte, filosofía, investigación científica básica, no veo cómo se pueden mantener vivos los valores esenciales. Luchar contra el racismo, la violencia, el odio, las desigualdades o cualquier forma de totalitarismo.

—En el Museo Liceo Egipcio nos dedicamos a una parcela del saber muy específica: el antiguo Egipto, los tres mil primeros años de la historia de la humanidad. Un conocimiento más útil, ese término al que pones en entredicho en tu brillante e incisiva obra ‘La utilidad de lo inútil’. ¿Qué le dirías a todos los que han decidido estudiar egiptología o cualquier disciplina humanística?

—Durante más de veinte años, a riesgo de ser considerado «irresponsable», he invitado a mis alumnos a elegir las cosas que aman, sin pensar en el dinero y el mercado laboral. Los invito a aprender a «gozar» (como nos enseña Montaigne) y no a «poseer». Ítaca no es nuestro destino: es una oportunidad para viajar. Debemos aprender a considerar el estudio como un viaje en el que cuentan los encuentros con alumnos y profesores, el compartir experiencias humanas e intelectuales irrepetibles. Nos formamos viajando y el diploma debe ser considerado no como el propósito, sino (repito) una oportunidad preciosa.

—España se ha convertido para usted en una segunda casa. Las sociedades mediterráneas no perciben en sus vidas cotidianas el valor de todo el patrimonio que atesoran.

—A lo largo de los años he aprendido, como decía Giordano Bruno, que «para el verdadero filósofo toda tierra es su patria». Y, después de Francia, España también se ha convertido en mi nueva patria. He encontrado amigos maravillosos y generosos, bibliotecas ricas y maestros a los que les debo mucho. Existe una gran afinidad electiva entre España e Italia: sobre todo porque muchas ciudades son museos al aire libre. Pero hoy, el patrimonio cultural se equipara con el «petróleo», porque se piensa en la belleza como una fuente de ingresos. En cambio, la belleza nos enseña exactamente lo contrario: que lo gratuito y lo desinteresado son fundamentales.