sábado 21/5/22
Magia

Ilusionismo, magia y... magas

Las mujeres que rompen el estereotipo de la chistera relatan cómo se han hecho un hueco en el escenario Abren camino y ya son referente
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Huang Zheng, maga y directora escénica del Festival Internacional León Vive la Magia. DL

Como en tantos otros sectores, en el mundo de la magia nos habíamos acostumbrado a ver a las mujeres como un «accesorio». Ellas eran las ayudantes de los magos, las que, con poca ropa y ceñida, se prestaban para ser desmembradas en cajas mágicas o servir de diana a una lluvia de cuchillos que, por arte de magia, nunca las alcanzaba. Con el paso del tiempo este rol ha ido cambiando y la victimización y cosificación que han definido sus personaje tiene sus días contados. En España, las ilusionistas se han situado en primera fila exigiendo igualdad, reconocimiento y visibilidad como profesionales.

Huang Zheng, Dania Díaz, la Maga Amelie e Inés la Maga son cuatro de las magas que han roto el estereotipo del «mago» convirtiéndose en referentes del mundo del ilusionismo con sus propios espectáculos en los que acostumbran a colgar el cartel de «no hay entradas».

Laura Avilés y Ana Tamariz son referentes en la formación de magas y magos, y la investigadora y divulgadora mágica, Gema Navarro, recupera figuras femeninas del mundo del ilusionismo. Ellas analizan el porqué de la poca presencia de las mujeres en este espacio y cómo tuvieron que abrirse su propio camino ante la ausencia referentes.

Durante muchos años el mundo del ilusionismo estuvo marcado por las figuras masculinas pese a que siempre había una «abnegada» mujer cerca que ejercía de espectadora de los trucos, cosía los trajes, colaboraba como ayudante o regentaba la tienda, explica la investigadora y maga, Gema Navarro.

Con el origen de la «magia moderna», en el siglo XIX, y durante gran parte del XX, a las mujeres no se les permitía pertenecer a ese mundo. Su obligación eran los cuidados y éstos no eran compatibles con una profesión que exige «viajar, trabajar a cualquier hora y muchísimo ensayo», apunta Laura Avilés. Apenas había mujeres en las sociedades mágicas.

La incorporación de la mujer al mundo del ilusionismo y su consecuente profesionalización y visibilización ha sido tardía. La maga Amelie, una de las más conocidas del panorama nacional, recuerda que las mujeres debían enfrentarse a tantos obstáculos que «cuánto más difícil era aprender o acceder a una profesión más tardaba la mujer en lograr ser protagonista de la misma».

Y cuando comenzó a incorporarse lo hizo como objeto sexual, algo que según Dania Díaz, experta en magia Close-Up (de cerca), habría generado «el rechazo de la propia mujer hacia la magia».

«Los hombres también han sido críticos» con la incorporación de la mujer. «No decían: no, no queremos que las mujeres se suban al escenario», pero tampoco defendían políticas de apoyo o formación para revertir la situación, explica Avilés.

Huang Zheng (Guillin, China), comenzó a estudiar a los 4 años en la Escuela Nacional de Gimnasia Olímpica de su país, donde la magia y la acrobacia están unidas. Empezó a interesarse por la manipulación de cartas y el malabarismo sin saber «que eso era hacer magia» y se fue haciendo su propio hueco. En 2003 decidió unir «la manipulación con la historia y la escenografía» y lo convirtió en el sello de identidad de sus números, una combinación que le deparó grandes premios y su primer contrato. Actualmente es la directora escénica del Festival Internacional Vive la Magia, el más grande de Europa, del que el mago Juan Mayoral es director artístico.

La magia sorprendió a Dania Díaz (Punto Fijo, Venezuela) a lo 10 años al ver a un mago en televisión. Comenzó a inventarse sus trucos, y a los 21 años decidió emprender su propio camino. Recorrió los congresos de magia de diferentes países y ahorró dinero para salir de su país. «La situación iba a peor y no iba a poder crecer ni como artista ni como persona», explica. Tras vivir en varios países de Latinoamérica aterrizó en España donde participó en el programa televisivo Got Talent. Contó la historia de su vida con cartas y dejó boquiabierto al jurado. «A partir de ahí mi vida cambia», recuerda. Ahora es una de las magas más reconocidas del panorama nacional.

Hace treinta años, en 1992, Laura Avilés (Córdoba, Argentina) fundó la editorial «Páginas Libros de Magia» con la que edita y elabora los libros con los que estudian magas y magos. Antes había trabajado con Juan Tamariz, que la animó a emprender este camino. Por aquella época los ilusionistas tenían un acceso muy reducido a la literatura así que, «muy entusiasmada», asumió el reto de recopilar y editar en castellano los libros dispersos por todo el mundo para que la comunidad pudiera estudiar.

Tres décadas después, Avilés es conocida como «la maga de los magos». Su trabajo fue reconocido nacionalmente con el premio GranHada al Mérito Mágico (2018) e internacionalmente con el Media Awards (2020), el Óscar de la magia, por su labor divulgativa e influencia en la formación de ilusionistas de habla hispana.

En el caso de Rosana Vidal González (maga Amelie), su pasión por la magia no apareció hasta los 22 años cuando, tras ver su primer espectáculo de magia y llamada por la curiosidad, comenzó a frecuentar salas de magia en Madrid y a dar sus primeros pasos mágicos. Rememora que en sus comienzos las magas «eran pocas y poco visibles», lo que no le impidió sentirse «bienvenida» en la comunidad. Tras veinte años repletos de trabajo, cursos, clases, pertenencia a distintas asociaciones mágicas, formación en danza, clown, acrobacias aéreas... la Maga Amelie reconoce que solo hace unos pocos años empezó a sentirse «maga, profesional y artista» pero no «una del montón, una de las mejores», asegura.

El primer contacto que Inés Molina Fuentes (Granada), más conocida como Inés la Maga, tuvo con la magia fue en el colegio. «En los recreos, mi profesor don Eduardo hacía magia, yo siempre le tiraba de su chaqueta de pana para que repitiese los trucos una y otra vez» hasta que hizo de ellos su propia profesión, relata. Nunca se sintió discriminada por ser mujer y asegura que no necesitó un referente femenino para tener claro lo que quería hacer en la vida y crear su propio estilo.

Ana Tamariz creció en una familia de ilusionistas. Hija de uno de los magos más conocidos, Juan Tamariz, asevera que tener un apellido reconocido «te abre muchas puertas, pero tienes que demostrar el doble». Apostó por la formación y, desde 1988, dirige La Gran Escuela de Magia Ana Tamariz donde transmite su vasto conocimiento en el oficio y ejerce de «hilo conductor» entre la filosofía de su padre y los aprendices. Explica que cuando son pequeños siete de cada diez alumnos son niñas, pero que luego «ellas siguen por otras ramas del arte relacionadas con la escenificación», y al llegar a adultos «de cada diez aprendices ocho o nueve son hombres». Una ausencia que también se refleja en la docencia. De los cincuenta profesores que hay en su escuela solo una es mujer.

Gema Navarro (Barcelona) llegó a Madrid para un trabajo teatral temporal, pero conoció a MagoMigue—Miguel Puga, campeón mundial de magia—, que le pidió que colaborase en su espectáculo, y decidió quedarse.

En 2003 conoció a Juan Tamariz, que le dio acceso a su biblioteca y le sugirió «investigar el tema de la mujer en la Magia», un trabajo para el que se releyó «libros de historia de la magia desde una perspectiva femenina y, con esas gafas puestas, las magas se fueron revelando». «Me di cuenta de que estaban a plena vista para todos aquellos que quisieran verlas. Solo había que contar su historia», concluye.

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