lunes 30/11/20

Un increíble patrimonio de papel

La apertura al público por primera vez del sotabanco, ubicado bajo la cubierta del edificio de Gaudí, cuenta con el respaldo del Ministerio de Cultura y la Fundación Banco Sabadell. Por un lado, la Dirección General de Archivos ha acordado subvencionar la catalogación y digitalización de los valiosos fondos que reúne el archivo de los Condes de Luna.

La musealización del sotabanco, que albergará este archivo, así como el de la Asociación de Amigos del País y el Histórico de la Fundación Obra Social de Castilla y León, cuenta con el patrocinio de la Fundación Banco Sabadell.

El sotabanco está previsto que abra sus puertas al público antes de Semana Santa. El gran salón que durante años fue el cuartel general de los directivos de Caja España, albergará muy pronto un auténtico tesoro de papel. Se trata de una colección de documentos excepcionales de los siglos XII al XIX, rescatada en 1975 en Francia por el catedrático de Historia Medieval César Álvarez, a quien la pista de este valioso legado le condujo hasta la condesa de San Carlos, descendiente de los marqueses de Alcedo, depositarios de los derechos de la Casa de Luna, en su residencia de San Juan de Luz.

EXILIO

Fue en esa localidad cercana a la frontera con España hasta donde se había exiliado la familia tras la revolución que en 1868 consiguió derrocar a la reina Isabel II.

El archivo contiene más de un millar de pergaminos y manuscritos que narran no solo la historia de una de las familias nobles más poderosas que había en el Reino de León, en concreto la de los Condes de Luna y los Quiñones, sino buena parte del devenir de esta tierra y de todo el país.

El archivo consta de 51 pergaminos, 931 documentos en papel, 30 libros de archivo, 8 libros manuscritos y tres libros raros antiguos.

El catálogo, que fue elaborado en 1977 por César Álvarez y José Antonio Martín Fuertes, habla de 1.052 piezas a las que se añaden incunables como es el caso de uno de Torquemada impreso en 1472.

También incluye ‘joyas’ como las cartas de Claudio Fernández de Quiñones, delegado del emperador Carlos V en el concilio de Trento.

Un increíble patrimonio de papel
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