lunes. 28.11.2022
Xepe Valle. estudioso de las tradiciones de la cabrera

«La difusión de la cultura cabreiresa es algo que brilla por su ausencia»

Personajes míticos como los ‘culuebrones’ o dragones, y las ‘mouras’ o ninfas acuáticas, y también figuras del carnaval como los ‘remixacos’ o ‘campaneiros’ pueblan ‘Mitoloxía y simbolismu de Cabreira’, un libro donde la etnografía y la lengua caminan de la mano de la leyenda.
Xepe Valle. Abajo, danzantes de Corporales y un ‘remixacu’.

El boom de la Cabrera no ha hecho más que empezar. Cada vez más conscientes de que tienen en sus manos un impresionante legado cultural que podría desmenuzarse antes de su puesta en valor, varios jóvenes cabreireses, agrupados en asociaciones, se están implicando a fondo en labores culturales que ante todo tienen que ver que con la divulgación y dignificación de la etnografía, la arquitectura y la lengua: uno de ellos es Xepe Valle, que acaba de publicar el libro Mitoloxía y simbolismu de Cabreira.

—¿Qué ‘chispa’ le movió a escribir y publicar este libro?

—En un principio no había ninguna intención de publicarlo. Todo partió de la invitación que me hizo la asociación cultural Faceira para participar, con un artículo, en una revista que se iba a sacar en colaboración con otros colectivos. El caso es que el proyecto quedó aparcado pero yo seguí recopilando más información hasta tal punto que ya había redactado un pequeño ensayo, y a partir de ahí surgió la idea de editarlo como libro.

—¿Cuáles son los temas principales que aborda?

—Es una obra que trata de la mitología y las antiguas creencias cabreiresas. Intento utilizar la arquitectura y los elementos de la naturaleza como hilo conductor, partiendo desde las primeras edificaciones castreñas hasta llegar a esa arquitectura tradicional que fue abandonada en el siglo pasado. Entremedias voy entrelazando leyendas mitológicas y relatos de creencias, desgranando el por qué de muchas simbologías que han llegado hasta nuestros días pero de las que, por lo general, desconocemos su significado.

—En el transcurso de esa investigación, ¿hubo algunos aspectos que le sorprendieron, que no conocía previamente?

—Sí, el más interesante fue comprobar cómo todos los pueblos europeos compartimos un eje común sobre el que giran una serie de personajes mitológicos y creencias ancestrales comunes a todos. En algunos casos hay variaciones en las leyendas, o los personajes mitológicos reciben diferentes nombres, pero en ningún caso nos son ajenos. El territorio con el que Cabrera guarda mayor concordancia es el que en época romana fue llamado la Gallaecia, el noroeste de la península ibérica, los actuales León, Asturias, Galicia y norte de Portugal. Aún así, se pueden encontrar versiones muy similares de elementos típicamente cabreireses por toda Europa, como las danzas de paloteo o los carnavales, en lugares tan dispares como Rumanía o las Islas Británicas. Por poner un ejemplo, por ser donde nací y me crié, conozco muy bien la mitología y costumbres vascas, y me sorprendió encontrar un gran paralelismo en el origen de algunas tradiciones del pueblo de mi padre, Forna, y el más representativo de los personajes de la Navidad vasca, el Olentzero. Estos no son los únicos paralelismos que encontré, mouros y mouras (xanas), culuebrones (cuélebres), e incluso la tan conocida Vieya del Monte del norte de León tienen sus homólogos en la tradición vasca.

—¿Hay algún personaje mitológico que le resulte especialmente fascinante?

—Quizá los más representativos son los mouros y mouras, pero el que me resulta más atrayente es el del dios Marte Tilenus, ya que tiene una base histórica. Se sabe que las tribus prerromanas (ástures) que vivían a los pies del monte Teleno consideraban a esta montaña un lugar sagrado donde habitaba el dios, que posteriormente fue asimilado por los romanos como culto a Marte, pero lo más sorprendente es que nos han llegado leyendas de tradición oral en las que se habla de Marte Tilenus como dios mitológico responsable de las tormentas. Se dice que cuando se enfadaba lanzaba rayos sobre los valles cabreireses, y cuando se calmaba apagaba esos rayos en las aguas subterráneas de un lugar de Corporales llamado Tolaniel, quedando envenenadas.

—La comarca es increíblemente rica en etnografía, lingüística, arquitectura... ¿cuál es la mejor manera de poner en valor ese legado, de evitar su destrucción? ¿Quizá, en primer lugar, dándolo a conocer?

—Efectivamente, uno de los primeros pasos para su puesta en valor es darlo a conocer, y en mi opinión eso se consigue realizando una catalogación muy rigurosa de todos esos elementos patrimoniales. De no elaborar esa primera catalogación corremos el riesgo de ir perdiendo nuestra identidad cultural más rápido de lo que pensamos. El segundo paso sería el de la educación. Es incomprensible que a pocas semanas de que el Ayuntamiento de Truchas haya instalado nuevas señalizaciones viales con los nombres de los pueblos en castellano y cabreirés, éstos aparezcan con el nombre tradicional tachado —aunque una facendera de vecinos ya ha limpiado las tachaduras—. Yo solo puedo entender que esto es fruto de la ignorancia y de la vergüenza hacia las hablas locales, fruto del desprestigio que durante 40 años de dictadura se atribuyó al cabreirés, haciendo creer a la gente que es un lenguaje de analfabetos, y nada más lejos de la realidad: todas las lenguas son útiles: no hay una que sea mejor o peor que otra. Después de la catalogación y la educación, vendría la difusión, algo de lo que en Cabreira brilla por su ausencia.

—En concreto, la destrucción de la arquitectura tradicional resulta quizá más palpable. ¿Cómo se podría acabar con todo ese ‘feísmo’?

—Yo creo que no se ha tenido en cuenta los beneficios que podría aportar a la comarca la conservación de la arquitectura cabreiresa, entre ellos están el turismo y las casa rurales, pero podría ser extensible a otro tipo de negocios como los agroalimentarios, ya que unos pueblos guapos y arreglados atraen a más gente y eso aporta más ingresos a la economía local.

—¿Por qué decidiste escribirlo en leonés?

—Porque como ya he dicho antes, la lengua asturleonesa es un patrimonio cultural que hay que poner en valor, y qué mejor forma de hacerlo que escribiendo en leonés sin complejos y con toda normalidad. Lo artificioso sería negar que existe una realidad lingüística o, aún admitiendo su existencia, limitarse únicamente a guardar ese conocimiento dentro de una vitrina como si fuera un trofeo o algo exótico que está ahí solo para verlo y no tocarlo. Pero lo natural es sacar la lengua a la calle, utilizarla, buscar una normalidad, aunque siempre intentando respetar los dialectos de los hablantes patrimoniales, teniendo en cuenta que todos los idiomas sufren una evolución y que su uso como lengua puede ir más allá de las conversaciones coloquiales del ámbito rural y familiar; también vale para escribir en ella. Eso sí, siempre sin inventos y sin intereses políticos.

«La difusión de la cultura cabreiresa es algo que brilla por su ausencia»
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