lunes 29/11/21
El poeta Antonio Gamoneda. FERNANDO OTERO PERANDONES

El poeta Antonio Gamoneda considera que la poesía «no sirve para nada en una sociedad como la nuestra», convencido de que se trata de una acto creativo «irremediablemente íntimo, subjetivo y personal», como explicó ayer en Valladolid.

«Directamente y a efectos sociales, no sirve para nada en una sociedad como la nuestra. Ya lo decía Jean Paul Sartre», argumentó Gamoneda antes de matizar la existencia de un rendimiento indirecto de la poesía, que ha depositado en su naturaleza de conciencia y sensibilidad. En la medida que pueda «intensificar la sensibilidad, la capacidad de percibir los hechos injustos en el orden social, sí puede tener una utilidad», expresó el poeta leonés antes de asistir a la presentación del libro Noche de piedras y lunas, editado por la Diputación de Valladolid con fotografías de Ángel Marcos. Galardonado en 2006 con el Premio Cervantes de literatura y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, asignó Gamoneda a los jóvenes poetas esa función de vigilancia social para dar cuenta de los «despropósitos históricos», como él hizo junto a sus compañeros de la denominada Generación del 50 en la España de posguerra.

Dentro del actual «desbarajuste de estructuras sociales, económicas y políticas», el autor de La prisión transparente (2016) ha encontrado una función en la poesía para clamar contra «despropósitos históricos», como a su juicio es la situación que atraviesa en la actualidad Venezuela.

De actualidad

«Resulta que, ahora, para quitar a una persona y a su partido con muchas posibilidades, se hace sobre la base de vender Venezuela a los Estados Unidos. Esto es un despropósito histórico porque se podría sanear el país de otra manera», analizó Gamoneda, quien participó en el libro junto a otros poetas como José Jiménez Lozano, Antonio Carvajal, Clara Janés, Fermín Herrero y el también leonés Antonio Colinas. Contra esos desórdenes, la poesía «no puede hacer nada directamente, pero sí puede intensificar la conciencia de un modo personal e individualizado, algo muy útil a la hora de enfrentarse con realidades objetivas como los desbarajustes en nuestros días», agregó.

A punto de cumplir 88 años el próximo 30 de mayo, el autor de Arden las pérdidas (2003) insistió en el protagonismo que para ello debe asumir en ese sentido «la gente más joven que yo».

Para Gamoneda, que se estrenó en la letra impresa con el poemario Sublevación inmóvil (1960), «resulta difícil esquivar las posibilidades de la poesía», que definió como una «enunciación necesaria que parece ser que no todos los seres humanos están capacitados para hacerla».

«Hay poetas grandes de verdad y otros muy poco, que hacemos lo que podemos», añadió el escritor nacido en Oviedo pero residente desde los dos años en León, y que ha contribuido con el poema Castillo del Temple en Ponferrada a un libro de imágenes que también ha rescatado versos de autores ya fallecidos como Jorge Guillén y Rosa Chacel, y vivos como Luis Alberto de Cuenca, Juan Carlos Mestre y Carlos Aganzo. Los castillos «deben ser tomados ahora como símbolos de lo que ya no puede ser la sociedad, la convivencia y la existencia en todos los lugares», alejados de la sociedad feudal en que surgieron las fortalezas «hace cinco o seis siglo» y que ya «ha cedido su tiempo» para resguardarse en un plano estético, reflexionó.

«La poesía no sirve para nada en esta sociedad»
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