domingo. 05.02.2023
AUNQUE SE lo merezca no puedes pasarte con ella, que son 73 años y a esa edad se impone el respeto a una trayectoria profesional, sea la que fuere. En su DNI consta como María del Carmen García Galisteo, pero es conocida por Carmen Sevilla, quizá en homenaje a su ciudad natal. Acaba de pasar por una conocida clínica para hacerse un lifting , esas reparaciones que vulgarmente llaman de «chapa y pintura», y en TVE filtraron que estará al frente de esa apoteosis friki que es Cine de barrio . Quizá por hacer boca, la colocaron junto al ubicuo, incombustible, duracel , Ramón García, para cantar a dúo las campanadas de fin de año. Recordados sus precedentes y sus comentados lapsus en otras experiencias televisivas, la cosa prometía. Y no decepcionó, caramba. García, con su ya habitual capa, optaba por lo convencional, pero al tiempo las pasaba canutas para hablar sin que la inefable Sevilla, Carmen, le interrumpiese de continuo o añadiese algún subrayado. Luciendo una tonelada de maquillaje, esmerado trabajo de peluquería y un traje rojo en dos piezas, pidió para el nuevo año, amparo a los monarcas, que traiga trabajo (García añadió «salud»), e incluso (divertida, se supone), pidió a su hijo que «un nietecito». Todo con ese tópico «gracejo andalú» que ella explota con particular habilidad. Aun así, y dicho con cariño: ¿Tan necesaria era su presencia?

La Sevilla
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