sábado 24/10/20
Literatura

El León que amaba Delibes

El libro ‘Mis amigas las truchas’ tiene como escenarios los ríos leoneses

El escritor afirmó que León le era muy familiar y que aquí se sentía como en casa

Imagen del escritor Miguel Delibes en su casa de Valladolid en el año 2000. AGUSTÍN CACHO

La sombra de Miguel Delibes es ciertamente alargada. Su cautivadora austeridad, su compromiso con la naturaleza y la preocupación ética del autor fueron las claves de una literatura que sigue intacta cuando se cumple hoy el centenario del autor de Las ratas. Decía el crítico y poeta Gonzalo Sobejano que Delibes era «un provinciano universal», al igual que Flaubert.

Aunque a Delibes no le gustaba mucho viajar, sí visitó con frecuencia León, sobre todo sus ríos, dada la conocida afición del escritor vallisoletano por la pesca y la caza. Prueba de ello es Mis amigas las truchas (1977), que recoge sus jornadas de pesca en el Porma, el Esla y el Omaña, las meriendas en Remellán o en Santa Marina y las enseñanzas de tipos como Pastorín (de Benavides), Samuel (de Garaño) o Paulino, que le reprende en el bar de Sandalio, en El Castillo.

El libro se lo dedicó Delibes a sus hijos Miguel y Juan, a los que intituló como «primeros discípulos, mis grandes maestros hoy». Cuando apareció Mis amigas las truchas, la editorial Destinó publicó varios anuncios en este periódico avisando a los lectores que «el libro está ambientado en León».

En 1969, durante la entrega de los premios de literatura y pintura que otorgaba la Diputación —y que ese año recayeron en Manuel Jular, Carro Celada y Ángel García—, Delibes pronunció una conferencia sobre El fenómeno de la creación en el arte y en la literatura.

En el transcurso de la charla, el autor de Cinco horas con Mario confesó que León le era muy familiar y que aquí se sentía como en casa. Años antes, en 1960, durante una conferencia en el Círculo Cultural Medina, el autor de La sombra del ciprés es alargada afirmó que «las normas estéticas no sirven de nada si no van acompañadas del soplo del genio».

Al año siguiente, clausuraba en el paraninfo de Veterinaria los cursos para extranjeros, donde Delibes habló largamente sobre la literatura de posguerra. En el 63, el escritor, que estaba ‘de gira’ con un ciclo de conferencias sobre la novela contemporánea, auspiciado por el Ministerio de Turismo, se quedó ‘atrapado’ en León con su automóvil, ya que el puerto de Pajares estaba cerrado.

En 1972 el autor de El Camino pronunció el pregón de la Semana Internacional de la Trucha. Y ese mismo año inauguró los cursos para extranjeros, donde abogó por la renovación de la novela. «La censura y la autocensura, que lógicamente tiene cada escritor a consecuencia de la primera, han originado una sumisión apática y una desconfianza en la vanguardia literaria».

El 11 de junio de 1992, tras visitar la exposición de Las Edades del Hombre en la Catedral de León, confesó: «Me ha conmovido. Es una exposición magnífica. Estamos recreándonos en el legado que nos han dejado los siglos pasados. Deberíamos meditar sobre qué es lo que vamos a dejar nosotros a las próximas generaciones. Creo que les dejaremos mucho menos de lo que nos han dejado a nosotros», dijo.

En 1998 recibió la Medalla de Oro de San Isidoro. Delibes formaba parte de ese reducido grupo de escritores clásicos en vida, que cuentan con el aplauso de todo tipo de lectores.

El León que amaba Delibes
Comentarios