martes. 28.06.2022

León en el Camino: papel protagonista

El ‘Codex Calixtinus’ que tenía el padre de Luis Mateo en Villablino, o la Catedral como lugar de referencia para Andrés Trapiello, los autores leoneses convierten su tierra en personaje

Sergio del Molino reúne para Zenda Historias del Camino en este Año Jacobeo. Se trata de un libro gratuito que lleva por subtítulo Ficciones y verdades en torno al Camino de Santiago, e incluye relatos de Rosa Belmonte, Ramón del Castillo, Luis Mateo Díez, Pedro Feijoo, Ander Izagirre, Manuel Jabois, José María Merino, Olga Merino, Susana Pedreira, Noemí Sabugal, Karina Sainz Borgo, Cristina Sánchez-Andrade, Ana Iris Simón, Andrés Trapiello e Isabel Vázquez.

La presencia leonesa en la figura Díez, Merino, Sabugal y Trapiello podría ser en conjunto un relato al margen en el que los autores leoneses convierten su tierra en personaje.

En el caso de Luis Mateo hay esa localización leonesa en su pueblo, Villablino, en donde explica en su relato que el Codex Calixtinus supuso su entrada en contacto con el Camino. En el propio libro se advierte también ese valor biográfico que es la biblioteca de cada uno.

Si las bibliotecas personales son una forma de autobiografía, Luis Mateo Díez regala a los lectores una bibliografía jacobea que es en realidad una vida de letras a pie de camino. Se mezclan sus lecturas tempranas con sus primeros textos dedicados a la ruta, que le quedaba muy cerca de su Villablino. Algo de esto coincide en todos los casos. Así, José María Merino ve el Camino de Santiago desde su León de la infancia. Y aparece un lugar emblemático de la ciudad como es el entorno de San Marcos. A partir de ahí surge una ficción sobrenatural, la historia antigua jacobea estremece la conciencia de un niño y reverbera la del lector, que observa con desconfianza los montes donde se pierde la ruta.

Con Noemí Sabugal hay hasta metaverso pero no se pierde de vista El Bierzo. Y Astorga, o Fresnedo del Sil. Sale Roma en su relato de ficción, claro, pero no se olvida de Villafranca del Bierzo, que es cuando el Camino de Santiago gana toda su espectacularidad. En los pueblos de la comarca se creen que todos los de Villafranca somos marqueses, decía Pereira, y se dice en el relato.

Sobre Andrés Trapiello se destaca su máximo valor literario en varias vertientes. En sus diarios —y en algunas de sus prosas—, Andrés Trapiello narra sucesos sobrenaturales que aparecen como sin querer en medio de lo más cotidiano. No se sabe si es el caso de este encuentro con un peregrino, donde la magia está en lo asombroso del personaje y en la mirada de Trapiello, siempre atenta al sigilo con el que los personajes secundarios entran en escena, o en la plaza del Obradoiro.

Imaginar el Camino

Dos o tres veranos, de mis catorce a mis quince años, me dio por ir a la catedral muchas tardes, huyendo de los tumultos domésticos y del calor. Los que hemos sido de León, incluso los que luego menos, nos acordaremos siempre de los peregrinos. Les veíamos entrar en la ciudad, atravesarla, salirse de ella. Iban ensimismados. Casi siempre hombres. Las pocas mujeres que hacían el camino, iban en compañía de alguien, casi nunca solas. Eran de una edad incierta, de una edad universal, ni jóvenes ni viejos, diría que tampoco se adivinaba su nación, pero sí su época: todos parecían llegar directamente de la Edad Media sin pasar por ningún otro siglo... Así comienza el relato de Andrés Trapiello como exquisita demostración de ese imaginar el camino que es este libro.

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