sábado 23/10/21

Los leoneses que se metieron con Penélope Cruz en las fosas de la guerra

Alejandro Rodríguez, Cristina Pimentel y Laura Martínez Panizo fueron los artífices del trabajo para crear los enterramientos y la exhumación de ‘Madres paralelas’
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Almodóvar con René Pacheco; imágenes de Alejandro Rodríguez y Laura Martínez Panizo con las actrices de la película; el director con el libro del leonés Abel Aparicio ‘¿Dónde está nuestro pan?’ ALEJANDRO RODRÍGUEZ

«Al final del rodaje, hubo un momento de gran intensidad dramática. Penélope Cruz descubría los restos de su abuela y Pedro Almodóvar le pidió que su interpretación hiciera llorar a toda España. No hay palabras para definir la actuación. Fue tal que tras la escena ella siguió desconsolada y nos contagió a todos la memoria del dolor». El arqueólogo leonés Alejandro Rodríguez fue uno de los miembros del equipo de Madres paralelas, la última película del realizador manchego protagonizada por Penélope Cruz, Aitana Sánchez Gijón y Milena Smit.

Este profesional, que trabaja en una empresa llamada Sputnik Labriego, no ha sido el único leonés con el que ha contado El Deseo. Laura Martínez Panizo (historiadora) y Cristina Pimentel, familiar de un desaparecido que fue hallado en 2015, también han formado parte del equipo que, dirigido por René Pacheco, han desarrollado toda la ambientación y dirección técnica de las fosas y exhumaciones que vertebran la película.

«La productora de Almodóvar fue la artífice del documental El silencio de los otros, basado en la exhumación de Timoteo Mendieta en Guadalajara», explica Alejandro, que destaca como fue a partir de esa película cuando Pedro Almodóvar se puso en contacto con René Pacheco, compañero en la ARMH hasta 2017. «René me llama y me cuenta el proyecto, pero sin decirme que Almodóvar está detrás. Yo tuve dudas porque el plan entrañaba demasiada responsabilidad. ¿Y si sale mal? Las primeras acusaciones caerían sobre nosotros. Sin embargo, todas las prevenciones desaparecieron al saber quién era el director».

Fue un trabajo arduo. Pedro Almodóvar mantuvo numerosas conversaciones con René Pacheco con el fin de impregnarse del espíritu que había que imprimir a la película. Mientras, los leoneses y el resto del equipo trabajaron con producción para que los escenarios de las fosas, la exhumación, los problemas forenses que siempre surgen e incluso la disposición ósea fueran similares a las que ellos han desenterrado en la realidad. «Hemos participado en todos los pasos, incluido el guión y, por supuesto, el vestuario», subraya Alejandro. Incluso participaron como personajes en la película puesto que el propósito era que toda la historia fuera verdad. El equipo actúa al final de la trama, cuando el personaje de Penélope Cruz se acerca a la fosa común que hay en las cercanías del pueblo para, a través de la Hermandad para la Recuperación de la Memoria Histórica, asistir a la exhumación del cuerpo de su familiar, así como durante el proceso de excavación y hallazgo de los cadáveres. Para todo ello, su labor incluyó una investigación histórica, arqueológica, forense y de identificación.

«Desarrollamos nuestro papel igual que en la realidad. Aparecemos cuando el equipo comienza a buscar la fosa. Llegamos al terreno, señalizamos, medimos la capa y el rodaje comienza en función de ese trabajo y desde las primeras picachadas», resalta. Ellos son los protagonistas silenciosos del espíritu que sobrevuela la película, los que hacen posible que la trama discurra según las indicaciones del director, quienes ejecutan los trabajos para que la aflicción ante la muerte sea como los ángeles de El cielo sobre Berlín.

Y es que la escena con mayor carga emocional y la que cierra la película es idea suya. Representaron la ocupación de la fosa, un ejercicio de rehumanización que se efectúa al final de cada búsqueda y cuyo objetivo es recrear a los asesinados en las tumbas. «Esos huesos fueron personas, aunque fueran enterrados como animales, y es una realidad que no podemos olvidar, que debemos tener siempre presente», reivindica el arqueólogo. Para ello, y junto a los protagonistas, los miembros de este equipo descendieron a las tumbas y se colocaron en la misma posición en la que los habitantes de aquellas fosas fueron abandonados en la guerra.

Cristina Pimentel defiende la experiencia: "Lógicamente imaginas que es un equipo grande pero, aquello era inmenso. Todo en unas dimensiones espectaculares. Esa primera grabación fue con una “cabeza caliente” (es el mecanismo para cámaras con movimiento por control remoto). Ese día presenciamos algo impresionante. En un momento dado Pedro Almodovar dialogaba con alguien del equipo sobre como afronta ese plano en cuestión, como iluminarlo y como encuadrarlo. Y claro, ese señor mayor con el que hablaba era Jose Luis Alcaine el director de fotografía. Eran dos grandes del cine y tu les estabas escuchando a dos metros", destaca. Añade que durante los siguientes días todo evolucionó de manera "fascinante". "Ibas viendo como se generan las imágenes, los planos, las escenas… y ya, para rematar, el penúltimo día apareció por allí una inmensa grúa, inmensa es eso, inmensa. Yo no se cuantos metros tendría aquello pero las de Mures se quedan pequeñas", dice.

De la película, en la que trabajaron un centenar de profesionales, Laura Martínez Panizo recuerda sobre todo la profesionalidad de Pedro Almodóvar y el trato humano que tuvo con ellos. «Estábamos anonadados con lo amable que era, con lo interesado que se mostraba con nuestro trabajo. Uno de los últimos días de rodaje le preguntamos qué pensaba hacer con todos el material necesario para poner en marcha la excavación. Nos dijo que cogiéramos lo que quisiéramos», explica Alejandro con agradecimiento. «Todo es real en la película. Se ha hecho un trabajo minucioso e increíble para que el público conozca y sienta la dimensión de la memoria».

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