Diario de León

Un libro de piedra en mitad de León

La casa de Julio del Campo, única en su género, lleva décadas esperando arreglo

Imagen histórica de Julio del Campo en el año 1937.

Imagen histórica de Julio del Campo en el año 1937.

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emilio gancedo | león
León

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Hay un edificio en León que es distinto a todos los demás. Una fachada en la que no hay que adivinar nada, que no es que evoque o sugiera contenidos, personajes o hechos históricos, sino que directamente 'habla' de ellos a los ciudadanos como si de un libro abierto se tratase: es la casa historiada -antigua Escuela Normal-, que levantara el filántropo leonés Julio del Campo en la hoy calle de su mismo nombre. Por desgracia, la parte más visible del edificio, uno de los más interesantes de arquitectura civil de cuantos existen en la ciudad, se encuentra en estado lamentable debido al paso del tiempo, la contaminación y la completa ausencia de un tratamiento que se adecúe a la singularidad de sus materiales.

Un estado aún más denunciable si se tiene en cuenta que el edificio goza, en teoría, del máximo nivel de protección, el integral, según fuentes de la Concejalía de Cultura y Patrimonio del Consistorio leonés.

¿Por qué no sólo no se rehabilita sino que tampoco se divulga su existencia, se organizan visitas para conocerlo mejor o se explican públicamente sus significados? Para responder a esta pregunta hay que recordar la particular situación jurídica del edificio: bajo la alcaldía de Juan Morano, el edificio se cedió a Asprona-León para su uso como centro ocupacional, entidad de interés público que, como indican ellos mismos, aparca las obras de rehabilitación -que consideran necesarias- en favor de las actividades sociales que constituyen su objetivo principal. «Se han hecho muchas obras en el interior del edificio, eso sí, y hemos solicitado al Ayuntamiento, en varias ocasiones, y sin éxito, el arreglo de la fachada, ya que nosotros no podemos asumir su coste», explica Pedro Barrio, responsable de Calidad y Coordinador de Centros de Día de Asprona-León, quien recordó que la entidad cuenta con el «uso y disfrute», en régimen de «cesión», del edificio, aunque la propiedad en sentido estricto corresponde, a su juicio, al municipio. Servicios como conserjería y calefacción corren a cargo del Ayuntamiento, al formar un todo este inmueble con las instalaciones que la Concejalía de Juventud tiene con entrada por la calle Joaquina Vedruna.

Y es que el interior de las antiguas escuelas fue completamente modificado hace tres décadas para acoger las instalaciones de Asprona, institución que, recuerda Barrio, ha venido realizando obras de «accesibilidad» y modernización de las estancias. En estos momentos, en concreto, acoge un módulo concertado de educación, un centro de día para 50 personas, un módulo de educación para adultos y numerosas actividades de ocio y tiempo libre. «Sin duda, está entre los que más actividad tiene de todo León, fundamentalmente a causa de su céntrica ubicación», añade Pedro Barrio. Asprona-León cuenta hoy con 4 residencias, 10 viviendas tuteladas y 11 centros de día.

Curiosamente, la concejala de Cultura duda de la titularidad exacta del edificio. «Hay cierta confusión en torno a este tema, pero parece ser que es municipal», aventura Evelia Fernández, quien añade: «En cuanto quede claro, documentalmente, a quién pertenece, mi intención, si continuamos en el equipo de gobierno, es restaurar la fachada». De hecho, la edil ya se había puesto en contacto con el Centro de los Oficios para preguntar cuánto podría costar ese trabajo, aunque adelanta que son unas labores «muy delicadas» por el tipo de piedra basáltica que decidió emplear el concejal, cantero y filántropo Julio del Campo.

También percibe alguna que otra irregularidad el archivero y ex concejal Alejandro Valderas. Éste comenta que en el año 2006 el convenio del Ayuntamiento con Asprona «no estaba al día», «de modo que prolongaron su validez mediante un simple documento firmado por el entonces alcalde Mario Amilivia, pero que no pasó los cauces obligatorios», explica. «Ese año yo pedí en la Comisión de Asuntos Sociales que este convenio se tramitase como todos los demás de entidades sociales con las que colabora el Ayuntamiento. Entre fines de 2006 y mediados de 2007 firmó Amilivia esta prórroga del convenio, perdiéndose la oportunidad de formalizar un convenio más claro sobre el edificio, o incluso el cambio de uso remitiendo a Asprona a otro edificio municipal o pagándole en su lugar una renta por otro local, incluso privado, de su interés, como se hace con otras muchas entidades sociales asentadas en el municipio».

Y de la misma manera que Evelia Fernández realizó algún intento para iniciar los trámites encaminados a su rehabilitación, también lo pretendió Valderas en su etapa como concejal de Cultura: «Traté de incluir el edificio en varios planes de recuperación de fachadas y en los del Ari (años 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004), pero no fue posible en ninguno de ellos. Unas veces resultaba un presupuesto mayor de lo que cabía en las solicitudes, otras no se podía porque era de propiedad pública, otra porque resultaba ser un edificio protegido y la convocatoria no lo permitía, etc.».

 

Presupuesto aproximado. En conversación con el Centro de los Oficios de León, el profesor de Cantería, Pedro García, valoró, grosso modo , el coste de la restauración de esta fachada señera. Si hablamos sólo de limpieza, este maestro cantero entiende que una de las principales dificultades «es el andamiaje» de una superficie extensa y con una acera tan transitada. En todo caso, y de forma aproximada, «como mínimo hablaríamos de unos 60 euros el metro cuadrado». Atendiendo al hecho de que la fachada en cuestión tiene aproximadamente unos 100 metros cuadrados, el coste inicial rondaría los 6.000 euros, una cantidad que no parece en absoluto excesiva para la institución, constata García.

El inmueble inmediato, de propiedad municipal, ya fue objeto hace algo más de un año de una restauración financiada por el Fondo Estatal de Inversión Local, con 136.000 euros, al objeto de acoger el Archivo Municipal. Ya entonces hubo quien criticó que esa restauración no se extendiese a las escuelas de Julio del Campo, que sirvieron también de parque de Bomberos y tanatorio. Así, una de las formaciones que más se han distinguido en la denuncia de su estado ha sido Izquierda Unida, uno de cuyos comunicados aseguraba que resulta «absolutamente vergonzoso que un edificio municipal y público tan singular permanezca abandonado de esta manera y no se le reconozca el enorme valor que aporta a la cultura leonesa, teniendo su fachada en estado lamentable a pesar de ser el único edificio dentro de nuestro patrimonio laico que reconoce el valor científico, técnico y religioso de personajes históricos relevantes para la ciudad y el mundo».

Y es que la restauración de la fachada resulta necesaria para la propia salvación de las placas historiadas que incluye, pues parece ser que las zonas descascarilladas donde casi han desaparecido las letras, resultando poco menos que ilegibles, fueron provocadas por intentos de limpieza realmente poco afortunados. Del propio Julio del Campo queda aún mucho por saber e investigar. Por ejemplo, el leonés Julio Ruiz, ávido explorador de todo lo relacionado con Del Campo, ha apuntado, según informaciones de un pariente del filántropo, que aunque el proyecto y palabras esculpidas en la fachada son suyas, las figuras pudieron ser obra de un sobrino que se llamaba igual que él, pero que, curiosamente, no consta en la relación de artesanos.

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