jueves 02.07.2020
ANA CURRA, CANTANTE

«Me quedan amigos, me quedan muertos, me quedan canciones...»

«Un inadaptado tremendamente guapo, puro, transgresor, señalado por el índice de dios». Ana Curra define con estas palabras al Ángel Álvarez Caballero, El Ángel, cuyos poemas leerá hoy en el Musac junto a otro amigo, César Scappa
«Me quedan amigos, me quedan muertos, me quedan canciones...»

Ana Curra sobrevivió para contarlo. Protagonista como pocos de la época alucinada de la Movida, fue el motor de grupos que marcaron época, como Alaska y los Pegamoides o Paralisis Permanente. Esta tarde llega al Musac para asistir a una de las últimas jornadas de La Encrucijada, el ciclo de poesía dirigido por Vicente Muñoz. Junto con César Scappa, leerá algunos de los poemas que el que fuera su compañero, Ángel Álvarez Caballero, publicó cuando el sida se comía su vida. Destaca Ana Curra que fue entonces cuando conquistó la lucidez con que afontó el tiempo que le quedaba. El acto tendrá lugar a las 20.00 horas en el salón de actos del museo.

—¿Qué queda en España de los años de la Movida?

—Queda la experiencia de haber vivido un momento de precariedad, austeridad y marginalidad que creímos haber conseguido superar a todos los niveles y queda el aprendizaje y constatación de que fue un espejismo. Hemos quedado en la ruina con el nuevo engaño neoliberal y la globalización imperante. La revolución sigue estando en las calles, la creación un acto individual que no puede venderse y los que manejan los hilos son los únicos que permanecen.

—¿Hasta qué punto fue una revolución socio cultural semejante a la que tuvo lugar en Inglaterra con el movimiento punk?

—El «háztelo tu mismo» encajo perfectamente en nuestro país, estaba todo por hacer, era el único modo posible y dio sus frutos. El problema viene cuando eso funciona y es fagoctado por la industria y anexionado como éxito político. Hoy las camisetas mas modernas de las firmas HM o Zara son las de aquellos grupos punks neoyorquinos como Patti Smith o londinenses como Joy Division. Las de los grupos españoles han debido decidir que no venden igual y seguro que tienen razón, seguimos siendo igual de paletos que hace 30 años por mucho que viajemos y tengamos internet.

—¿Qué circunstancias la hicieron posible?

—La necesidad de ampliar tu espíritu es inherente al ser humano y para mi es el motor que subyace en cualquier revolución cultural. A esto se añade el hartazgo colectivo de la gente de a pie con la austeridad cargando en sus espaldas, horas de trabajo diario hasta la extenuación, sin derechos, sin posibilidad de dar educación a sus hijos, sin poder caer enfermo… ¡vaya! lo mismo que ahora.

—¿Lo repetiría?

—Repetir las mismas cosas en dos momentos distintos es un error, no puede funcionar…Antes tenía inocencia, creía en todo, confiaba en todos… ahora hay que elegir y diferenciar al enemigo y no es nada fácil, algunos van sutilmente enmascarados, la manipulación en algunos casos es muy refinada.

—¿Qué le quedó, qué atesora de aquellos años y de qué manera le cambió?

—Yo me lo tomo como una clase práctica y magistral de vida. Me quedan amigos, me quedan muertos, me quedan canciones, libros, programas de televisión, películas …muchas cosas de las que me alimenté y me nutrieron porque cuando eres adolescente la capacidad de absorción es inmensa. Lo que más me ha enseñado de aquellos años fue vivir la muerte cercana de seres queridos absolutamente puros.

—¿Cómo vivió la explosión cultural que generó aquel momento? ¿Eran conscientes de cómo estaban moldeando la sociedad?

—Hay dos formas de vivir las cosas: desde dentro o desde fuera. Yo estuve en la acción, siempre es mas divertido. Realmente no lo éramos en aquel momento, era una necesidad, algo visceral... Las consecuencias no las conocíamos ni medíamos ni gestionábamos por eso fue bonito y genuino.

—¿Cómo era Ángel?

—Un inadaptado tremendamente guapo, puro, transgresor, señalado por el índice de dios.

—¿Vivió con él el proceso que le llevó a escribir ‘Los planos de la demolición’?

Los Planos de La Demolición son cuatro libros en uno. Es un libro que da forma en los dos últimos años de su vida cuando regresa a Madrid desde Montevideo y la enfermedad pende de su cabeza como una espada de Damocles. Ángel me llama y nuestra historia de amor hasta entonces imposible se hace realidad.

—¿De qué manera le cambió saber que el tiempo se le escapaba?

—Le dio una tremenda lucidez y toda la cobardía aparente para la vida se hizo valentía conmovedora para afrontar el tiempo que le quedaba con la mayor dignidad, fue emocionante.

—¿Qué le influyó de García Alix y qué cree que él tomó de usted?

—Fuimos pareja durante siete años, fuimos afortunados porque vivimos juntos tiempos de amor, locura, drogas, motos, viajes, fiestas, proyectos… nos tomamos el uno al otro, nos quisimos y lo seguiremos haciendo de por vida. Nos admiramos mutuamente.

—Cuando murió Ángel realizó un festival poético que no tuvo continuidad. ¿Cómo surgió esa experiencia y por qué no continuó?

—Ángel me regaló un motor y un hechizo con la experiencia de su muerte que Cesar, su hermano del alma, y yo supimos aprovechar para generar una historia preciosa e inaudita. Fue un festival poético musical a nivel internacional que duró lo que tuvo que durar porque como ya he dicho cuando las cosas se enrarecen toca retirada antes de que se manchen y se transformen en algo que no lleva la esencia que es.

«Me quedan amigos, me quedan muertos, me quedan canciones...»