martes 12.11.2019
LITERATURA

Merino cabalga con Don Quijote

Ilustración de José Moreno Carbonero.
Ilustración de José Moreno Carbonero.

«Todo el mundo quisiera haber escrito El Quijote. Yo, también», confiesa el escritor y académico leonés José María Merino. Lo ha leído más de siete veces a lo largo de su vida; la primera, a los dieciséis años. Ahora el autor de Musa Décima propone un viaje literario por los dos volúmenes del clásico cervantino y el Quijote de Avellaneda. Un extraño ejercicio literario, donde cuela a algunos de los protagonistas más genuinos de su literatura, como el profesor Souto, ‘alter ego’ de Merino, tan versátil que mantiene una estrecha amistad con el autor de los Cuentos del Reino Secreto; o el atribulado y estrafalario Sabino Ordás, el ‘sabio de Ardón’ al que la Universidad de León dedicó un congreso hace dos años.


«De niño el Quijote no me atraía nada, porque perdía todas las batallas», confiesa Merino al desvelar su relación con el caballero andante. «Luego supe que El Quijote estaba en muchas novelas y en personajes como Huckleberry Finn, Tom Sawyer o Kim de la India». Hace tres años, cuando volvió a coger de la estantería la obra de Cervantes, Merino tuvo la idea de hacer lo que él define como «una relectura escrita». A través del Quijote (Reino de Cordelia) —que presentará en León el 22 de noviembre— es un libro que permite conocer no solo la relación de Merino con el ingenioso hidalgo, sino que da origen a nuevos relatos y aventuras, cuentos y ensayos imaginativos. Un texto de ficción «inclasificable», concluye el autor de Las visiones de Lucrecia «Una cosa rara».

 

El libro, de 408 páginas, está espléndidamente editado con grabados, dibujos e ilustraciones de artistas que han inmortalizado el Quijote desde el siglo XVII, como Goya y Zuloaga, pasando por Doré, el leonés Miguel Ángel Martín o Daniel Urrabieta Vierge. Precisamente, una edición ilustrada por éste último fue la primera que cayó en manos de Merino. Luego aquel ejemplar de su padre se perdió en una inundación.

 

Sostiene Merino que el Quijote «no es un cuento para niños». De ahí que su lectura «forzada» haya creado un rechazo generalizado hacia una obra maestra de la literatura. «Hay que empezarla cuando conoces la melancolía de la vida», dice. Para el académico leonés «Es la gran novela. En ella está todo, desde la vida como sueño, al héroe que quiere luchar contra la realidad para mejorarla... La segunda gran novela es Fortunata y Jacinta, de Galdós, porque el escritor reinventa la voz del Quijote». Merino habla del caballero al que acompañaba el leal Sancho con el entusiasmo del profesor Souto. Decidió que en esta ‘cabalgada’ por el personaje más inmortal de la literatura tenía que incluir el Quijote de Avellaneda, que, «siendo un lamentable plagio, estimuló a Cervantes a escribir la segunda parte de la novela».

 

A través del Quijote se lee con la fluidez de todos los textos del autor de El heredero, donde vuelve a hacer gala de su fina ironía. Confía Merino en que a Cervantes no le molestaría el Epílogo que ha añadido, donde hay una revelación sorprendente que cambia la historia del mismísimo Quijote...

Merino cabalga con Don Quijote