sábado 23/10/21
De objetos cotidianos a piezas de museo

La mina se vuelve coleccionable

Guantes, ropa, documentos, herramientas, material de oficina... Piezas corrientes que el fin de la minería ha convertido en coleccionables. El 90 por ciento de los fondos del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero han sido donados por particulares.
mina

Son los restos de un naufragio. El de la minería. Objetos de la vida cotidiana que permiten reconstruir la historia de una industria que fue crucial para León y acabó ‘enterrada’. La memoria de aquel oficio está a salvo en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM), en Sabero, cuyos fondos superan ya las 2.200 piezas.

El museo ubicado en la Ferrería de San Blas dedica un ciclo mensual a exhibir sus últimas adquisiciones. «El 90 por ciento proceden de donaciones de particulares», afirma el director del MSM, Roberto Fernández.

«A lo largo de este año hemos ido presentando parte de los fondos del museo para que la gente tenga un mayor conocimiento de la labor del centro en cuanto a la recuperación y conservación de los objetos vinculados con la siderurgia y la minería», explica el director. Y es que la colección permanente se reduce a menos de 200 piezas, de modo que exhibir las últimas adquisiciones les permite mostrar al público la colección que ‘no se ve’ y animar a la gente a donar objetos vinculadas con la minería. Herramientas, documentación y ropa de trabajo son algunas de las últimas donaciones. Un antiguo ingeniero de Hulleras de Sabero ha cedido varias cajas con documentación «muy variada e interesante», que será incorporada al Archivo Histórico Minero de Castilla y León, adscrito al museo.

La tarjeta del belga

Otro ‘lote’ singular lo constituye la documentación de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) que ha llegado recientemente al museo, entre la que hay desde una copia del Reglamento del Montepío de los empleados o un modelo de solicitud de ingreso en la empresa, así como una tarjeta de visita de Marcelo Jorissen Braecke firmada por él —donada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica—. En 1914 el joven Jorissen, su hermana y su madre llegaban a España huyendo de la I Guerra Mundial, donde fueron acogidos por un tío materno, Gustavo Braecke, ingeniero de minas. Durante los años de universidad Jorissen, apodado para el resto de su vida ‘El belga’, se codearía en la Residencia de Estudiantes con García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí o Juan Ramón Jiménez. En 1922 entró en la MSP a hacer las prácticas obligatorias que exigía la Facultad de Minas a los alumnos de quinto curso. Al concluir, la MSP le contrata como ingeniero encargado de los grupos mineros del sector oeste (Orallo, San Miguel y Sosas). Dos años después se casa con Pilar García Rodríguez, natural de Caboalles. Jorissen permanecería en la MSP durante más de seis décadas.

También el museo acaba de recibir nuevos documentos de la Hullera Vasco Leonesa, entre ellos un estudio de Roberto Wagner sobre la geología de la cuenca Ciñera-Matallana y dos cintas de vídeo sobre la voladura de una fábrica de Matallana. Un antiguo empleado de Hulleras ha donado un carburo; y dos antiguos miembros de la plantilla de Hulleras de Sabero han entregado al MSM monos, guantes y un mandil de fundidor. El Club de Entibadores Palentinos ha enviado cápsulas de engrasado para los martillos de picar y barrenas usadas en Antracitas de Velilla (Palencia).

Roberto Fernández confiesa que a veces encuentran objetos y documentos en internet vinculados con la actividad minera que acaban comprando. Pero son una minoría.

Un trabajo inhumano

José Gato ha regalado al museo un maniquí vestido con el traje de faena de los empleados de la fábrica de briquetas del lavadero minero de Vegamediana. Cuenta el director del museo que en la fábrica se mezclaba polvo de carbón y brea para formar unos bloques, llamados briquetas, que se usaban como combustible para los ferrocarriles a vapor. Las condiciones de trabajo eran muy duras, debido a los vapores desprendidos de la brea caliente, el fuerte calor y el polvo en suspensión. Los trabajadores se untaban de barro para protegerse la cara, pero a veces la piel se les desprendía a tiras. Era inhumano».

Otra reciente donación es un uniforme de guarda-jurado de Hulleras de Sabero y una lámpara de carburo de los años 20.

«En una mina había de todo», dice Roberto Fernández, y «detrás de cada objeto hay una historia».

La mina se vuelve coleccionable
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